Nabolino de Villa Vegetal: La novela picaresca hecha videojuego

Imagen en la que se ve una habitación oscura, con una librería al fondo a la izquierda, y en el centro dos nabos humanoides que están sentados en una silla de madera, bebiendo algo y alumbrados con la luz de una chimenea. La ilustración tiene estética de pintura al óleo

Ilustración de cabecera realizada por Marita.

 

No sé si alguna vez te has preguntado qué se siente al ser un pequeño nabo que vive en una ciudad de verduras parlantes, cuyo alcalde es una cebolla capitalista que busca hacerse con cuantas más propiedades mejor. Este argumento, producto del sueño de una digestión pesada, cobra vida cuando encarnamos a Nabolino, el protagonista de Turnip Boy commits Tax Evasion (Snooky Kazoo, 2021).

La aventura se juega en 2D y los gráficos no podrían ser más adorables. Al más puro estilo de los videojuegos antiguos, nos embarcamos en una historia bastante demencial y punky, cargada de referencias y un humor absurdo que nos golpea a medida que indagamos en el pasado del protagonista. Los objetivos son claros y bastante sencillos de lograr: hemos de hacer todos los recados que el alcalde nos envíe a cumplir. Las peticiones son aparentemente tan disparatadas como la historia pero, si queremos saldar la deuda que hemos contraído con el alcalde, deberemos correr por el lugar como pollos sin cabeza para conseguir abono, un tenedor, un puntero láser y explorar unos cuantos rincones presuntamente abandonados. Asimismo, nos entretendremos entre quehaceres encontrando y destrozando carteles de se busca en los que aparece nuestra foto, además de algún que otro documento ajeno que, si bien ni nos va ni nos viene, también es susceptible de ser roto y, para qué engañarnos, hacer añicos las cosas que encontramos es divertido.

Imagen del juego Turnip Boy commits Tax Evasion en la que se ve una carta rota. En la carta se puede leer, en inglés: Querida Florist, gracias por las preciosas flores. ¿Te apetece que tengamos una cita? Algún día incluso nos podríamos casar y... ¡pagar nuestros impuestos juntos! Con cariño, Strawberry.

Nuestro primer encargo es el de robarle la regadera al Viejo Limón que vive en la parcela de al lado sin meterse con nadie. A Nabolino, tomar prestado sin que se note, le resulta algo absolutamente normal y en ningún momento se detendrá demasiado a plantearse la escala de grises de sus decisiones erráticas. Nabolino es, en la jerga rolera, un personaje caótico-neutral por definición: alguien que sigue los caprichos de su propia lógica pasando por encima de las limitaciones innecesarias dadas por la estructura y el orden. Un superviviente nato que busca saciar sus necesidades y querencias haciendo todo lo que haga falta, puesto que el fin justifica de forma rotunda todos sus medios. Mientras jugaba, no podía evitar pensar en lo mucho que esa historia me resultaba vagamente familiar (obviando el aspecto vegetal de su construcción, claro). No sé si la conexión neuronal sobrevino con las primeras jugarretas, los primeros golpes a seres inocentes o con los robos encadenados, pero, teniendo en cuenta que esta servidora se dedica a la docencia, la similitud, una vez relacionada, fue clara: Nabolino es, de las hojas a la raíz, el arquetipo del pícaro renacentista.

Dicen que todas las historias ya han sido escritas. No me atrevería yo a afirmar tal cosa pero, sin duda, no hay narración que no haya bebido de otras cuantas historias anteriores, las cuales también han sido, a su vez, estimuladas por otras voces que contaban otras historias. En el caso de las vivencias de Nabolino, hay unas similitudes claras con la novela picaresca. Veamos ahora cómo pasamos de Nabolino a secas, a Nabolino de Tormes.

Antes de comenzar, quiero recordar que la trama del videojuego está salpicada por aspectos completamente absurdos y chocantes, así que no me toméis excesivamente en serio y permitidme disfrutar de esta pequeña disertación en la que trato de colocar a un nabo humanoide en la Salamanca de 1554.

El primero de los aspectos clave de la novela picaresca es la crítica social que se realiza a través de la sátira. Desde la primera escena nos queda claro cuál es el elemento de poder contra el que nos revelamos: la acumulación de capital por parte del alcalde Cebolla. Además, se hace con un discurso ácido cargado de referencias modernas y chistes malos. Algo completamente maravilloso que solo hace que quieras interactuar con cuantas más vecinas mejor, ya que nunca sabes quién ganará la batalla de comentarios extravagantes. A todo esto, la coloquialidad del lenguaje es también un elemento relevante que nos ayuda a entender la vida de los personajes desde su manera de expresarse, ya sea en el siglo XVI o en el presente atemporal de Villa Vegetal. Los personajes con los que interactuamos no son lo que parecen y lo descubrimos mientras acompañamos a Nabolino por los estratos más cuestionables del lugar y aprovechamos para charlar con las diferentes alianzas que se encargan de sostener el crimen organizado de la villa.

Imagen del juego Turnip Boy commits Tax Evasion en el que se ve a nuestro protagonista en un artel de Se busca, por evasión fiscal, robo, proposiciones indecentes, asesinato, desorden de la conducta, etc. La foto del protagonista está pintarrajeada, con dos cuernos, barba y una cola de demonio. Abajo del cartel pone: ¡Cuidado! ¡Está armado y es peligroso!

Otro elemento característico es el del protagonista pícaro, un antihéroe que es más listo que el hambre y usa todas sus habilidades para sobrevivir a pesar de sus adversidades. Este personaje protagónico de orígenes humildes trata de mejorar su situación a medida que su historia progresa y lo hace sirviéndose del ingenio para salir de situaciones disparatadas. Si bien en el caso de Nabolino no se nos explican sus orígenes hasta que llegamos al final mismo del videojuego, desde el inicio vemos que se trata de un personaje que navega los bajos fondos como si estuviera dando un paseíto de medio día. Con Nabolino no solo nos detendremos a observar los cimientos del crimen, sino que también tendremos acceso a otros estratos más privilegiados: influencers que quieren aumentar sus seguidores, dueños de pequeños negocios, verduras graffiteras y aguacates científicas. Esta habilidad para que el protagonista nos señale los diferentes estratos que conforman una comunidad es también típica de las novelas picarescas, a pesar de que en ellas ocurra a medida que el protagonista es adoptado por uno u otro amo pertenecientes a diversas clases sociales.

Al mostrar tal diversidad de personajes, la crítica a la sociedad que se refleja en la historia se hace efectiva y se extiende a cualquier persona, o fruta, que el protagonista tenga delante de su tallo.

La última de las características que quiero señalar es el cambio en la moralidad del personaje. En la novela picaresca, vemos que la ética acaba corrompiéndose para hacer que los protagonistas encajen en un sistema deshonesto y sin escrúpulos.  Aunque en una novela podríamos seguir el desarrollo de personaje desde sus inicios y, por tanto, ver de manera más clara esta (des)progresión hacia una vida de valores cuestionables, en el caso de la historia de Nabolino, el protagonista es ya una verdura adulta a la que conocemos desde el inicio anteponiendo su predilección por el caos a seguir las normas. A pesar de ello, y dependiendo del prisma con el que observemos la escena, Nabolino realiza algunas acciones que pueden clasificarse en una escala de heroicidad errática: rescatar a un bebé cereza, sacar a unos pepinillos delincuentes del tarro donde están encarcelados y, por supuesto, luchar contra el injusto sistema que el alcalde ha impuesto sobre Villa Vegetal.

En definitiva, la historia de Nabolino es una locura muy absurda que se disfruta siempre y cuando una no se ofusque buscándole tres pies al gato. Es una historia punky, sencilla y muy divertida. Además, como guinda para este pastel de la picaresca hecha videojuego, la sátira hacia los sistemas de poder corruptos es una delicia. En palabras de Patato, el guarda del cementerio, «Jamás dije que me ganara la vida con principios éticos y morales», y es que pocas cosas hay en Villa Vegetal que sean tan amenas como acompañar a un nabo delincuente en sus aventuras.

Jacqueline Roso

Jacqueline Roso

Filóloga, rolera y mamá de dos michis.

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