Relato escrito por Belén Casas
Ilustrado por LibresLíos y Pelusa Orbital
Eclipse Zero
A las 3:17 a.m., Marcos seguía frente a la pantalla. Los ojos secos, los dedos entumecidos. Afuera, la ciudad dormía tranquilamente, la luna en lo alto y arropada por un manto de estrellas; pero su habitación era un santuario de luz azul, zumbidos eléctricos y latas de bebidas energéticas. Había empezado a jugar esa misma mañana y no se había detenido desde entonces. Ni para comer, ni para dormir. Ni siquiera para pensar.
Llevaba más de doce horas intentando derrotar al jefe final de Eclipse Zero, un juego tan enigmático como infame. Se decía que nadie lo había terminado. Los foros estaban plagados de teorías. Algunos decían que el final era imposible. Otros, que había sido diseñado como un castigo para quienes llegaban demasiado lejos.
Solo le quedaba una vida. La última.
El jefe final, conocido como El Olvido, no tenía forma definida. Era una masa de sombras digitales, un glitch consciente. Hablaba en murmullos distorsionados, a veces en otros idiomas, a veces en un lenguaje imposible, era algo ininteligible. Aparecía sin patrón, sin lógica alguna. Cada ataque suyo rompía alguna ley del juego: se teletransportaba fuera del mapa, borraba botones del HUD, reiniciaba el inventario.
Marcos lo había intentado todo: armas secretas, combinaciones de hechizos, bugs sugeridos por usuarios de Reddit. Incluso había desconectado brevemente el control esperando engañar al código. Nada funcionaba, era imposible. Cada intento terminaba igual: Alek, su personaje, caía de rodillas, el entorno se desvanecía en una niebla roja, y el menú principal se cargaba con una risa que no estaba en ningún archivo del juego.
Pero esa noche, algo cambió.
Cuando Alek cayó por última vez, el juego no se cerró. No hubo risa. La música se detuvo. Por un momento, todo quedó en silencio. Luego apareció una pantalla en blanco, con una sola frase en letras negras:
“¿Estás dispuesto a dar algo real a cambio de ganar?”.
Marcos sintió un escalofrío. ¿Era parte del juego? ¿Había logrado un final secreto? ¿Un easter egg ? Dudó unos segundos, pero el cursor parpadeaba ansiosamente sobre una única opción: “Sí”. La pulsación fue automática.
Entonces, la habitación se apagó.
La consola. La pantalla. El router. Incluso la lámpara de escritorio. Todo. La oscuridad fue seguida por un zumbido grave, como el arranque de una máquina vieja. Luego, la pantalla se encendió sola.
Pero ya no era ese juego, ya no era Eclipse Zero.
Era su rostro.
En la pantalla, Marcos se vio reflejado, borroso, como si lo observaran desde dentro. Parpadeó. El reflejo también. Pero lo hizo con un leve retraso. No era un reflejo. Era él. Estaba dentro del juego.
Su cuerpo seguía en la silla, inmóvil. Los dedos aún pulsaban el control, pero no era él quien lo hacía. Era como ver una marioneta manejada por hilos invisibles, igual que uno de los jefes que derrotó en aquel juego. El sudor resbalaba por su frente, aunque él ya no lo sentía.
Alek, su personaje, había desaparecido. En su lugar, una figura genérica se paraba en el centro del menú: un nuevo avatar, sin rostro, con el nombre MARQ-317.
Intentó hablar. Gritó. Golpeó el cristal digital desde dentro, pero no hubo sonido. Solo una sensación de eco interno, como si su voz no tuviera aire.
El menú principal cambió de forma. Ahora mostraba una nueva opción:
“Nuevo jugador desbloqueado: Verdadero Final”
Desde ese día, la cuenta de Marcos —ahora MARQ-317— estaba siempre conectada. No dormía. No perdía. Empezó a aparecer en las listas de los mejores jugadores de todo el mundo. Todos hablaban de él. Algunos creían que era un bot de pruebas. Otros, un mito urbano.
Los jugadores que se enfrentaban a MARQ-317 en línea contaban cosas extrañas: interferencias en sus auriculares, frases susurradas en un idioma desconocido. Una chica en Tokio aseguró que su pantalla mostró una imagen de ella dormida en su cama. Un streamer popular desapareció tras perder contra él en una partida rápida. Todo era demasiado extraño.
Con el tiempo, el mito creció: si jugabas Eclipse Zero a las 3:17 a.m. y te conectabas al servidor correcto, podías enfrentarte a MARQ-317. Pero si perdías… algo se perdía contigo.
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Desde dentro, Marcos vivía en bucle. El mundo en el que estaba atrapado no era el juego como lo conocía. Era un espacio gris, sin bordes, con fragmentos rotos de escenarios flotando en el vacío donde alguna vez podía verse algún pixel extraño. Cada día despertaba en un punto distinto: a veces en una réplica de su habitación, a veces dentro de un nivel del juego distorsionado, otras veces, en medio de un espacio negro con el logo de Eclipse Zero latiendo en rojo, como si se tratase de un corazón bombeando.
Lo peor era el silencio. No había música. No había personajes. Solo él… y los ecos.
A veces escuchaba su propia voz. O voces que parecían suyas, pero decían cosas que él nunca había pensado. Gritos. Llantos. Risitas agudas. En una ocasión, se encontró a sí mismo durmiendo en un rincón. Se tocó y sintió frío. Como si el código del juego intentara recrearlo una y otra vez sin éxito.
Intentó escapar. Buscó límites, puertas, menús ocultos. Nada. Cualquier comando lo devolvía al mismo sitio: el centro del menú principal, bajo el nombre MARQ-317.
Una vez logró comunicarse con un jugador humano. Fue breve. Una frase escrita en el aire, con letras que sangraban:
“Aún estoy aquí.”
El jugador desconectó al instante.
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Mientras tanto, en el mundo real, una comunidad en Reddit comenzó a investigar. Un usuario llamado @ZeroWatcher publicó un hilo con capturas de pantalla perturbadoras. En una de ellas, podía verse a MARQ-317 en la pantalla de carga, con algo parecido a un rostro translúcido dentro del avatar. Alguien lo editó y aumentó el brillo: se veía claramente el rostro de un joven, pálido y de cabello despeinado, con la boca abierta en un grito mudo.
Las teorías se multiplicaron.
—»Es un experimento de inteligencia artificial.» —»Es un mensaje de los desarrolladores sobre el exceso de juego.» —»Es un alma atrapada.»
Un usuario afirmó haber conocido a Marcos antes de su desaparición. Compartió una foto. El rostro coincidía, eran idénticos. Otros comenzaron a buscar más casos. Y aparecieron más nombres, más avatares similares con fechas como MARA-219, LUK4-009… todos con el mismo patrón: jugadores que desaparecieron tras obsesionarse con Eclipse Zero.
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Dentro del juego, algo empezó a cambiar.
Una figura apareció en el horizonte de ese limbo digital. No era un jugador. Era otro como él. Una chica sin rostro. Su nombre flotaba sobre su cabeza: LUNA-042.
No hablaba, pero compartía miradas. Había alguien más, ya no estaba solo. En su presencia, el mundo dejaba de cambiar. Marcos encontró un fragmento de música. Una melodía olvidada del primer nivel del juego. Era algo pequeño, pero lo hizo llorar, pudo llorar…
Cada día se encontraban en el mismo lugar. No hablaban mucho, pero con el tiempo comenzaron a reconstruir espacios: una sala, una mesa, una ventana. Imitaban su mundo perdido con trozos de memoria digital. Sus recuerdos, convertidos en polígonos.
Un día, ella escribió en el aire, algo que nunca pudieron hacer antes:
“¿Y si hay una salida?”
Marcos, sorprendido, dudó. Lo había intentado todo. Pero ella insistió. Lo llevó a un punto donde el horizonte se curvaba, un lugar que ella había descubierto hace un par de días. Allí, ambos colocaron sus manos y el código comenzó a vibrar. Era como si el juego no pudiera sostener su conexión emocional. Las texturas colapsaban. Las estructuras temblaban. El sistema temía lo que sentían.
Entonces lo entendió: Eclipse Zero no era un simple juego. Era una prisión que se alimentaba del aislamiento, de la obsesión. Su código estaba vivo, sí, pero su fuerza venía del olvido.
Pero ellos habían recordado.
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En el mundo exterior, la cuenta MARQ-317 desapareció de los servidores. El nombre ya no aparecía en los rankings. Reddit explotó en teorías. Algunos decían que el juego había sido eliminado. Otros, que los desarrolladores lo habían desconectado por miedo a demandas.
Un jugador solitario, que registraba partidas antiguas, notó algo extraño días después: en un archivo oculto del menú de desarrollador, encontró un mensaje.
Solo decía:
“Marcos ya no está solo.”
Fin.

