Cuando lo Cozy se vuelve un infierno

Ilustración de cabecera realizada por Belén Casas.

Las navidades son complicadas para las personas que repudiamos las estructuras familiares: ya sea porque no encajamos en ellas o porque nos han rechazado, de una forma u otra dejamos de sentirnos parte de esos lazos. Por suerte tenemos el arte para refugiarnos: los libros, el cine, las series, la música,… siempre nos han acompañado en esos momentos donde nadie más puede estar; y por supuesto, los videojuegos también han estado y están ahí.

Como, a parte de complicada, es una época triste para mí, decidí que un juego cozy sería un buen lugar para protegerme durante estos días… pero antes de contaros cómo lo cozy se volvió un infierno, quiero que repasemos juntes ese tipo de juegos y lo que me han aportado.

Stardew Valley (ConcernedApe, 2016)

Lunes 1, Primavera

Así empezaba mi primera partida. Cansada de la vida de capitalista -tanto en la ficción videojueguil como en la realidad-, me vi inmersa en un pueblo lleno de personajes, al principio ariscos, en un terreno enorme y con unas herramientas dispuestas a ayudarme con mi labor de desconectar de la vida en general y de mis problemas en específico.

Empecé a limpiar mi granja de hierbajos y la haré para plantar unas pocas semillas que regué con felicidad. Después tuve tiempo para descubrir el pueblo, las personas que lo habitaban e incluso pude pescar. Qué felicidad.

Jueves 5, Primavera

Talé unos cuantos árboles para conseguir madera y fui a la mina a conseguir minerales. Las herramientas se mejoraban con minerales que se deben fundir para conseguir lingotes, así que me puse a ello.

Miércoles 10, Primavera

Vale, lo tenía claro. Me levantaba a las 06:00. Veía la televisión para saber si al día siguiente llovía o no. Regaba mis cultivos si no llovía, recogía lo que se podía vender, regalaba lo que tenía preparado a mi interés romántico para ganarme su amor -porque todo el mundo sabe que así se enamora a la gente, ni una recóndita granja en un recóndito pueblo puede escapar del materialismo- y me dirigía a la mina, dispuesta a conseguir más minerales y a avanzar más pisos. Eso sí que era vida, no la monotonía que me exigía la realidad.

Sin embargo, ella fue quien me sacó de ese mundo ideal. No obstante, no tardaría en volver a meterme en un mundo de tranquilidad cuando todo estaba en caos.

Animal Crossing, New Horizons (Nintendo, 2020)

El caos de la pandemia no lo sofocó el confinamiento. Para personas como nosotras el confinamiento tan solo fueron unas navidades eternas que no queríamos celebrar, además de las muertes y enfermedades que asolaban a los seres con los que sí queríamos compartir la vida y que no podíamos ni ver.

Nintendo nos regaló lo mejor que nos podía traer en aquella época: una isla entera donde poder disfrutar de una nueva vida. Así fue como empezó mi vida en Animal Crossing, New Horizons. Le puse el nombre a mi isla, descubrí las nuevas mecánicas y… ¡oh! ¿me hacen esperar hasta el día siguiente para desbloquear nuevos edificios…? ¡Qué bien! Por fin un juego que no me metía prisa.

Aunque podría adelantar la hora en la consola…

¡Nah!

¡Hola a todos! Son las 12:03 del martes 7 de abril de 2020. No tengo ninguna noticia importante que comentar hoy […]”, comentaba Canela tras varios días en mi nueva vida isleña. Ya tenía el ayuntamiento desbloqueado, al igual que el museo. Algunos de los vecinos con los que convivía no eran de mi agrado, pero aun así me esforzaba para hacerme su amiga -le regalé a Gloria un traje feísimo de rana y lo llevó durante toooooda la partida- y mi vida consistía en regar florecitas, mecer árboles para que cayese fruta, golpear rocas para conseguir materias y dinero y construir nuevos objetos. Qué vida más divertida.

¡Hola a todos! Son las 20:29 del jueves 21 de junio de 2020. No tengo ninguna noticia importante que comentar hoy […]”. Un nuevo día en Arcadia. ¡Por fin encontré una bandera para la ciudad que me representaba! Tan fácil y obvio que no lograba verlo.

La vida en la isla tenía un orden. Zarandear árboles, conseguir madera, minerales y piedras y dinero, recoger fósiles, regar plantas, saludar a mis vecines y, en el caso que hubiese alguno, asistir al evento especial de la isla. Tras esto, si podía fabricar algún objeto que me faltaba lo hacía y lo almacenaba en alguna parte de mi casa ya pagada gracias a la especulación con el mercado de nabos. Qué bueno vivir en la isla. Qué felicidad. Qué aburrida es mi vida.

Potion Craft: Alchemist Simulator (Niceplay Games, 2021)

Como jugar a Animal Crossing y mantener mi isla cada vez requería menos esfuerzo y era cada vez más aburrido, decidí apartar la consola de nintendo y empecé a jugar a un simulador de hacer pociones llamado Potion Craft.

Cuando abrí por primera vez mi tienda de pociones fui muy feliz. Ese era el mundo que quería. Unas pequeñitas hierbas, un caldero, un jardincito, una sala con una máquina rota y una cama donde descansar.

Aquí sí. Aquí sí que podría refugiarme del mundo exterior.

Les clientes pasaban uno a uno y me pedían pociones para el dolor, para enamorar, para el veneno,… y yo decidía si las fabricaba o no. Tenía un diario donde podía registrarlas y hacerlas más rápido y según cómo removía el caldero descubría nuevas pociones o formas óptimas de hacer las que ya sabía. Cuando el día llegaba a su fin me iba a la cama a descansar.

Al día siguiente, lo primero de todo era ir al jardín. Allí recolectaba las hierbas que nacían nuevas. ¡Existían pociones que requerían hierbas que jamás había visto! ¿Dónde podría conseguirlas? ¡Era todo misteriosamente genial! Así que no esperé más. Abrí mi tienda de nuevo, fabriqué y vendí mis pociones, anoté en mi cuaderno y me dormí.

Al día siguiente, lo primero de todo era ir al jardín. Recogía las hierbas que habían nacido. El día anterior me visitó un mercader que vendía hierbas que no me crecían y le compré unas cuantas. ¡Son muy caras! Necesitaba maximizar mis beneficios, así que abrí mi tienda de nuevo, fabriqué pociones y las vendí, anoté en mi cuaderno y me fui a la cama.

Al día siguiente, lo primero de todo era ir al jardín. Recogí las hierbas. Tenía la esperanza que ningún cliente idiota viniese a pedirme pociones para enamorar a alguien. Esperaba con toda mi alma que apareciese el mercader porque necesitaba un tipo de hierba concreta para hacer una poción y en mi diario de tareas era la única que me faltaba para completar. Así que abrí mi tienda de nuevo, fabriqué las pociones, las vendí y me fui a la cama.

Al día siguiente, lo primero de todo era ir al jardín. Después desinstalé el juego.

Stardew Valley (sí, otra vez)

Volví a empezar una partida a Stardew Valley. Duré solo dos días jugando.

Coffee Caravan (Broccoli Games, 2024)

Y por fin llegamos al inicio de este artículo. Las navidades de este año pasado. La tristeza arrolladora, la soledad. Por suerte, el refugio de los videojuegos. Y aquí estaba mi trayectoria de juegos cozy, acompañándome en la mochila, siempre conmigo. Enseñándome que da igual lo acogedor que sea el juego: mi mente infectada por el capitalismo hiperacelerado optimizará el tiempo para exprimir los recursos del juego y optimizar los días para que el siguiente sea más productivo.

Por ello decidí que no iba a jugar a más juegos cozy, aunque algo dentro de mí quiso hacerlo. La solución fue Coffee Caravan. Un jueguito sobre hacer café. Tranquilito, aparentemente.

PUES NO. Porque la realidad es que es un rogue-like donde vas desbloqueando tipos de café y formas de hacerlos además de desbloquear mejoras para tu caravana con mejor equipo y decoraciones para que tus clientes dejen mejores propinas o consuman más rápido y aparatos para hacer tus cafés más rápidos.

Coffee Caravan es el juego «cozy» no-cozy para aquella gente que quiere descansar y refugiarse en su zona de confort; siendo su zona de confort el malestar que hemos normalizado a través de nuestra vida hiperacelerada.

Porque muches de nosotres hemos hecho del malestar nuestro día a día, hemos aprendido a convivir con él, a abrazarlo y a hacerlo nuestro.

Yo digo basta, por eso he dejado de jugar Coffee Caravan. Ya basta de autoflagelarme jugando títulos que me evoquen al sufrimiento de mi día a día. Quiero poder descansar, encontrar un lugar verdaderamente seguro donde desconectar de mi vida caótica.

Por eso, he vuelto a retomar Stardew Valley (sí, otra vez, de nuevo).

Pero, esta vez, intentando dejar esa productividad atrás. Intentando disfrutar del momento. Intentando salir del infierno para abrazar lo cozy.

Aunque a veces la vida se vea así.

Iris López

Iris López

Pyramid Head me hizo tener pesadillas cuando era una cría. Ahora sigo teniendo pesadillas pero escribo sobre ellas.

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