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Overwatch Mystery Heroes: historia de una obsesión
María Martín

Overwatch Mystery Heroes: historia de una obsesión

No soy nada fan de los shooters. Y menos en primera persona. Si ya hablamos de competir no contra una máquina, sino contra otros jugadores, podéis sacarme de la lista de personas que van a engancharse a un juego casi seguro. Es más, si apostáis por mi indiferencia ganaréis en 9,9 de cada 10 veces. Sin embargo, toda regla tiene que tener su excepción, y la mía es, sin duda alguna, Overwatch.

Ya he hablado antes de cómo acabé entrando en este mundo distópico creado por Blizzard, pero os refrescaré la memoria: una pareja de amigos estuvieron cerca de un año tentándome a que jugara. Mis prejuicios a los shooters y a jugar contra otros, me mantuvieron alejada de él durante mucho tiempo. Hasta que un fin de semana que fui de visita me plantaron delante de sus ordenadores para que intentara hacer algo. De vuelta en casa aproveché una de las múltiples ofertas que el estudio de videojuegos ha hecho desde que lo lanzara al mundo y me hice con la Legendary Edition.

Mis primeras partidas fueron contra la IA en el modo más fácil posible. Me creí lo que me dijeron de que Mercy era ideal para empezar y descubrí que, o bien yo era muy torpe, o bien me habían engañado, o bien yo había malinterpretado sus palabras. Quizá lo que querían decir era que Mercy era el personaje más adecuado para hacer el ridículo más espantoso cuando estás empezando. Fuera lo que fuera, D.Va y su meka captaron mi atención, y decidí cambiar inmediatamente de elección.

Las cosas fueron mejorando, sin llegar a ser una pro, y no mucho después me cansé de luchar contra una máquina que siempre parecía tener la misma táctica. Así que, con más miedo que vergüenza, o un poco de ambas, me lancé a por los Quick Plays confiando en que mi actuación no me obligaría a exiliarme del planeta.

Poco a poco fui ganando confianza y empezar a ver la Overwatch League me ayudó a mejorar mi pensamiento estratégico. Ya no me limitaba a lanzar el ultimate de D.Va en el mismo momento en que alcanzaba el 100% estuviera donde estuviera, sino que intentaba hacer el mayor daño posible de la manera más inesperada. Para mi sorpresa, funcionó más de una vez.

Luego llegaron las clases de boxeo, una mano rota, una operación y la necesidad de encontrar algo con lo que ocupar las horas que no me exigiera una gran destreza durante unos meses. Pasé los ratos muertos pescando en Azeroth, pero me sabía a muy poco. Y entonces se me ocurrió que Bastion podía ser una buena opción. Después de todo, si te pones en modo torreta en el sitio justo solo necesitas apretar un botón para acabar con todos tus enemigos. Dicho y hecho. Me convertí en el Bastion con menos movilidad, pero más mortifero, de aquellos días. Por supuesto, una vez recuperada la mano, volví a mi coreana preferida.

Sin embargo, D.Va me sabía a poco ya. Había probado otro personaje y me había gustado. Y aún tenía la espina clavada de no saber manejar a Mercy. Por supuesto, podía volver a las peleas contra la IA para ir probando, y entendiendo, otros personajes. Pero, ¿dónde estaba la gracia? El modo de entrenamiento con bots podía ser un buen comienzo para entender las habilidades de cada uno, pero disparar contra blancos inmóviles o poco interactivos me parecía bien para el tutorial del principio, pero estaba muy alejado de lo que yo quería.

Hasta que un día la solución me miró a los ojos. O, mejor dicho, mis ojos vieron más allá del recuadro de Quick Play y la vieron: Mystery Heroes. Un modo de juego en el que no había sabido fijarme antes. La premisa era muy básica: juegas un mapa aleatorio, como atacante o defensor, igual que en una partida normal, pero con una enorme diferencia. El personaje que encarnas no lo eliges tú. Es más, si mueres en algún momento, no te reencarnarás en ese mismo personaje, sino que el juego te asignará otro nuevo.

Efectivamente, es tan caótico como suena. Sobre todo porque los límites del juego clásico de no repetir personajes en una alineación no tienen validez aquí. Puedes tener dos Bastions, cuatro Mercys o incluso 6 Junkrats. O cualquier otra combinación que se os ocurra. De hecho, la partida más absurda que he jugado jamás contaba con 3 Mercys, 2 Zenyattas y un Reinhardt. Nuestras oportunidades de ganar eran mínimas. Y, sin embargo, lo logramos. Quizá porque éramos defensores o porque a veces la suerte decide sonreírte.

En poco tiempo, Mystery Heroes se convirtió en mi modo de juego preferido. Por encima de cualquier otro, incluidos los modos historia o los arcade asociados a eventos como Halloween o Navidades. De mis 190 horas de juego en Overwatch, 144 han sido han sido en Mystery Heroes, lo que demuestra mi grado de obsesión.

Una obsesión que puede explicarse de manera muy sencilla: gracias a él, he conseguido probar todos los héroes de OW sin que me importara mucho no saber usarlos en un principio. Tener junto a ti, o frente a ti, a alguien que tampoco ha probado antes a Reaper, o que no termina de aclararse con los puñetazos de Doomfist, quita mucha tensión a la hora de hacer el ridículo más espantoso. Y poco a poco, casi sin darte cuenta, empezarás a saber manejarlos a todos. Algunos se te darán mejor (hola Brigitte, Moira o Ashe) y en otros seguirás siendo un desastre (Winston, Hammond o Echo, por citar algunos en mi caso), pero al menos los habrás probado. Dejarás de lado el modo fácil de ir a lo conocido y descubrirás que las alineaciones más absurdas a veces dan buen resultado. Y, sobre todo, te enamorarás de personajes a los que antes no tocabas ni con un palo (Ana, Widow o Mei).

Quizás lo que más me gusta es que, una vez saltas a Quick Play, ya no sientes que estás perdida si otro jugador selecciona tu primera opción. O que estás limitado a ser tanque o support, sino que tienes alguna opción como DPS también. Mystery Heroes te da la posibilidad de romper tus propias barreras y convertirte en una jugadora más versátil de lo que creías en un primer momento.

Como decía, es un modo de juego caótico que, asumo, no es para todos. La incertidumbre de saber qué rol te tocará jugar a cada momento se une al de no saber con quién vas a jugar. Todo ello mejorado por la escasa comunicación que se produce entre el equipo hacen que tengas que estar mucho más pendiente de lo que tus compañeros hacen de lo que estarías en otro modo. Si tienes un espíritu competitivo, puedo entender que las incertidumbres te alejen de esta opción. Pero si te acercas un poco a mi alma caótica, casi me atrevería a apostar que te gustará casi tanto como a mí.

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