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Summer in Mara: Un verano sin fin
Tamara Morales

Summer in Mara: Un verano sin fin

Summer in Mara comenzó su andadura con un kickstarter con el que recaudaron la friolera de 233 919 € de los 20 000 que se pusieron de objetivo. Esta isla paradisíaca en la que vive la pequeña Koa es mucho más que una isla, es un hogar con todas las letras.

Hacía tiempo que le había echado el ojo a Summer in Mara, y mis ganas solo aumentaron más tras probar la demo en la Madrid Games Week. Allí estaban para ayudarte y comentar todo lo que iba sucediendo y quién eras, además de repartir pegatinas y postales.

Os podéis imaginar mi alegría cuando me dieron la oportunidad de probarlo y más aún de poder presentaros el juego, para quienes todavía no lo conozcan. Quienes hayáis jugado a la demo estoy segura de que os quedasteis con ganas de más, y es normal, ya que los integrantes de Chibig Studios han hecho un enorme trabajo para hacer que te sientas como en casa mientras navegas por su mundo.

Captura de Summer in Mara en PC

Este artículo te destripa el principio.

He jugado a muchos juegos de gestión, al ser uno de mis géneros favoritos, y, sobre todo, le he dedicado muchas horas al Stardew Valley (Chucklefish Games, 2016) – muchas, de verdad – y al Animal Crossing – del que se ha escrito y hablado mucho en esta revista –, pero nunca había sentido esa sensación de hogar y calidez que me transmite Mara desde el primer momento.

Sin querer llegar a comparar más allá de lo estrictamente necesario, Stardew Valley y Animal Crossing me han dado, y me siguen dando, muchísimas horas de entretenimiento sin fin, pero no he experimentado ese componente de exploración, el diseño de las islas, de la interacción con los demás personajes, o no a tal grado, que sí tiene Summer in Mara.

Al iniciar del juego Koa siempre estará sentada en su tejado, y me gusta pensar que es para ver si viene algún barco pirata o avista a alguien. La isla está rebosante de vida: animales, árboles y arbustos frutales, plantación, y nos despedimos de nuestra yaya que se va al pueblo a comprar en barco. Ella nos da una de las primeras lecciones —y uno de los primeros mensajes ecologistas— del juego mientras te manda tareas simples pero necesarias para la supervivencia de la isla: lo que le quitas a Mara, se lo debes devolver.

Captura de Summer in Mara en PC

Pero, de repente nos levantamos en una isla yerma, habiendo aprendido lo básico para nuestra supervivencia, que lo ha perdido todo menos a Koa: su color, su luz, su vida y su yaya. Seguimos haciendo las tareas, pero el pozo nos da agua una sola vez, esperando a la lluvia para el próximo riego. Se ha apagado su luz y ya no tenemos combustible. La barca que había llevado a la yaya a tantas aventuras se encuentra varada en el muelle y hay que repararla. No tienes los elementos necesarios, no sabemos dónde conseguirlos si no exploramos, pero Koa no pierde su sonrisa. Sabe que hay que seguir para que la isla vuelva a ser próspera, y no se hace por arte de magia.

Los días se pasan volando con las actividades de mantenimiento: planta aquí, cosecha allá, pica esto, recoge conchas, corre sin parar isla arriba, isla abajo. Esto me ha llevado a quedarme agotada más de una vez, haciendo que Koa se desmaye. La relación entre energía y cansancio está muy bien llevada, y hace que Koa se canse más conforme va pasando el día y, si como yo, te has quedado despierta más allá de la hora permitida, el nivel de energía se desploma con cada paso hasta caer rendida allá donde estés. También tu hambre aumenta con el paso de los días, así que aseguraos de beber y comer mucha fruta, sin olvidar los pescados tan ricos que da tu isla.

Siguiendo la filosofía de la isla, por cada naranja que recojo, otro árbol planto. Estoy muy cerca del límite permitido de árboles, pero no me arrepiento ni un poquito. Quizás es porque echo mucho de menos València y al plantar todos esos naranjos me veo transportada cerca de los míos, paseando por las avenidas inundadas del olor a salitre y naranjo en flor.

Captura de Summer in Mara en PC

He mencionado antes el mensaje ecologista, y es que creo que Summer in Mara sienta las bases para concienciar, explicar y hacernos partícipes de la sostenibilidad de la isla. No solo a los pequeños que puedan descubrir con Koa y Summer in Mara su amor por los videojuegos y la exploración, sino a los mayores que debemos entender que este planeta no se cuida solo.

No solo le tienes que devolver lo que le has quitado a Mara cuando talas, sino que en Qälis recoges la basura que se van dejando los turistas o la misma gente de allí y la echas a un contenedor de reciclaje que echa corazoncitos, y para el que ya estoy ahorrando porque lo puedes tener tú en tu isla y lo necesito.

Si le he encontrado algún «pero», ha sido más por mi forma de interactuar últimamente con los videojuegos, que por el videojuego en sí. Estoy —hablo por mí, obviamente— muy acostumbrada a que en ciertos tipos de juegos tengamos una mano que nos acompaña y guía en cada paso nuevo que damos, y es lo que quizás más me chocó aquí. Me ha costado días entender que Koa, como nosotros, está perdida en el cuidado de la isla porque quién se hacía cargo —pese a que la ayudáramos— ya no está, y fue tan solo ayer cuando nos dio la receta de las herramientas más simples para poder continuar con el cuidado de isla Hogar. Pero al final comprendí que, aunque me mostraran los materiales con los que debía arreglar las cosas, no significaba que yo estuviera lo suficientemente curtida como para saber de dónde salen.

Captura de Summer in Mara en PC

Es todo parte de la exploración y crecimiento. No puedes tenerlo todo ya, has de trabajar para ello. ¿Tienes que crear un nuevo sitio para los pollos? Vas a necesitar explorar, hablar, comerciar y ser amable con quienes te rodean si quieres crecer y obtener lo necesario para sacar adelante la isla. El descubrir las cosas sin la persona que te guiaba es una forma de crecimiento y aprendizaje que Koa necesita y por el que nosotros también tenemos que pasar.

Summer in Mara presenta unos valores importantes en muy poco tiempo que, creo, son muy necesarios: cuida la tierra, sé amable y conseguirás más cosas, ayuda a los demás para que te ayuden a ti, ten paciencia aprendiendo, recicla y, sobre todo, crea una red de amigos y de apoyo con la que crecer – pues si nos quedamos solos en nuestra isla, jamás llegaremos a convertirla en algo grande y nos perderemos las grandes aventuras que estamos destinadas a vivir –.

Una cosa importante es que la música no siempre nos acompaña en nuestros pasos. Muchas veces, esta se calma y deja paso a los sonidos de la naturaleza que nos rodea. Las gaviotas y el sonido relajante de las olas hacen que queramos sentarnos en la playa a contemplar el cielo azul sin pensar en nada más, admirando la belleza que tenemos ante nuestros ojos de forma virtual.

Por todo ello, Summer in Mara se ha convertido, para mí, en una escapada a un verano sin fin, que nos transporta, en este pleno mes de junio atípico también por sus temperaturas, a nuestra pequeña isla idílica dentro de un mundo deseoso por ser descubierto.

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