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Animal Crossing New Horizons – Mi experiencia en Burrito, mi isla
Marina Díez

Animal Crossing New Horizons – Mi experiencia en Burrito, mi isla

Sol radiante en el cielo, ni una sola nube en el horizonte, el sonido de las gaviotas, el olor a salitre… En el mundo real puede que sea otro día de confinamiento, pero en el mundo digital ha llegado la hora de olvidarse de los problemas y abrazar la vida isleña. ¡Ponte el bañador, coge el cocodrilo hinchable y acompáñame en este nuevo éxito de Nintendo!

La espera de este nuevo Animal Crossing: New Horizons ha sido muy larga para todos los amantes de la saga. Cada Nintendo Direct era un suplicio si no había ninguna novedad de la maravillosa creación de Katsuya Eguchi. El juego no podría haber llegado en un momento mejor, ya que quién más quién menos dependiendo del país, todos nos encontramos viviendo un período de confinamiento debido a la crisis del covid-19. La gran respuesta del público al juego ya podíamos anticiparla de antes, pero lo que ha sido realmente increíble es cómo Animal Crossing ha acercado a los jugadores en el año del “distanciamiento social”. Es durísimo no poder ver a nuestros amigos en persona, pero lo cierto es que Animal Crossing y su funcionalidad online han conseguido paliar un poco la crudeza de esta pandemia.

Este modo online, al reunir a la gente en las diferentes islas, también ha dado pie a una de las cosas más maravillosas que pueden suceder en títulos multijugador: las infinitas posibilidades que surgen en el juego y que quizá los diseñadores no habían previsto en un primer momento. Durante mis partidas a Animal Crossing he disfrutado de miles de juegos con mis amigos que hemos creado nosotros mismos, convirtiéndose la isla en ese patio de colegio donde nos unimos a juegos que no sabemos de dónde han salido pero que todos sabemos jugar de un modo u otro. Esta es, en cierto modo, la magia de un buen juego: la versatilidad, la posibilidad de continuo cambio y el dar al jugador la libertad suficiente como para que haga de ese título algo no sólo propio, sino único.

¡Admiren lo que he pescado con la caña, mi gente!

Otro de los detalles más bellos de Animal Crossing es la posibilidad de regalar. ¿A quién no le gustan los regalos? El juego entero es una muestra de todas las cosas que nos hacen sentir bien en la vida y esta es una de ellas. Los regalos se pueden acompañar de una nota si se envían desde la tienda y decir a tus amigos cuánto significan para ti. ¿Se ha emocionado alguien recibiendo algún regalo con una nota bonita en Animal Crossing? porque yo sí. Mis mejores amigos no han parado ni un segundo en enviarme cientos de regalos amarillos de todas las clases – el amarillo es mi color favorito – consiguiendo que no parase de sonreír ni un momento.

Un pequeño obsequio en el juego tiene el mismo significado que en la vida real, al fin y al cabo: una persona que quiere demostrarnos su cariño, gratitud o dedicarnos un pensamiento. Quizá sea también una cosa que nos está trayendo esta terrible situación: el expresar nuestro amor hacia las personas que más queremos con más frecuencia porque nunca sabemos cuándo todo puede cambiar de un momento a otro. La rutina provoca muchas veces que nos acostumbremos a cosas y a la presencia de personas en nuestra vida diaria y que dejemos de apreciar esos pequeños detalles que marcan la diferencia.

Animal Crossing, en esencia, no es más que eso: vivir la vida lentamente, saborear cada momento, apreciar los pequeños detalles y compartirlos con los demás.

La decoración y la personalización son otros de los puntos que más llaman mi atención de la saga de Eguchi. Justo hace unos días jugaba por primera vez con una de mis amigas más cercanas y me sorprendió mucho el hecho de que siendo ella una persona muy minimalista en la vida real, tanto en su vestimenta como en cómo concibe los espacios, era totalmente lo contrario en el juego. Su isla estaba atestada de un montón de objetos que ciertamente la caracterizan – como su amor por la cultura japonesa – pero en una cantidad ingente que ella misma nunca tendría en la vida real. En Animal Crossing ciertamente podemos ser quien queramos. No obstante, hay una diferencia entre este juego de simulación y títulos similares como Los Sims de Will Wright: en Animal Crossing nuestro personaje casi siempre suele ser una representación de nosotros mismos en el mundo digital, mientras que en Los Sims no tenemos por qué jugar con un personaje que nos represente a nosotros específicamente.

Por otro lado, no puedo dejar de mencionar lo cuquis que son los otros habitantes de nuestras islas. Siempre me han encantado los animalitos de Animal Crossing y creo que la IA es muchas veces sorprendente. Por ejemplo, cuando alguien nos visita y habla con alguno de nuestros vecinos, a veces cuando tiempo después interactuamos nosotros con ellos de nuevo, éstos pueden nombrar a aquellos amigos que han hablado con ellos previamente. Las relaciones que creamos con estos personajes son muy interesantes y es increíble cómo muchas veces nuestro vínculo con ellos se desarrolla de una manera inusualmente profunda, similar a lo que ocurre en la vida real.

Por último, adoro el detalle de que podamos elegir el hemisferio en el que se situará nuestra isla nada más empezar la partida por primera vez. La diversidad de flora y fauna es fantástica y, sin duda, es divertidísimo el poder visitar las islas de amigos del hemisferio sur y poder volver a casa con un gran tiburón debajo del brazo. ¡Esto es vida, ar!

En definitiva, Animal Crossing está ayudando a muchas personas a que este confinamiento sea un poco más llevadero. A pesar de todo lo que estamos viviendo, no puedo estar más feliz por el hecho de que, al fin, muchas personas hayan visto más de cerca que los juegos y las experiencias interactivas no son únicamente como se les representa en la prensa la mayoría de las veces: productos vacíos que únicamente se enfocan en la violencia. Los videojuegos son mucho más que solo eso y creo firmemente que pueden cambiar el mundo. De hecho, ya lo están haciendo.

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