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Yo, Shepard: la subjetividad que incomoda
Mara Gilbert

Yo, Shepard: la subjetividad que incomoda

Escribir sobre una saga como Mass Effect me parece una tarea hercúlea, peor aún que aquel reto que tuvo que sufrir Astérix en Las 12 Pruebas peleando con la burocracia. Primero, porque es un universo muy rico, donde cada historia, raza y planeta requiere un mínimo comentario; y segundo, porque son muchos los jugadores que la aman y es complicado contentar a todo el mundo. Las expectativas que había con esta obra eran altísimas, ya que se trata del primer libro dedicado a las aventuras y desventuras del comandante Shepard.

Yo, Shepard se lanzó en febrero del año pasado a través del sello Héroes de Papel, también editores de joyas como Portal o la ciencia del videojuego (Eva Cid, 2016) y el recién publicado De Sombras y Bestias (Mariela González y Daniel Matas, 2017). Es sorprendente la cantidad de títulos que están sacando al mercado, sobre diversas temáticas de videojuegos y con un acabado estupendo. Las ediciones son maravillosas y en el caso de Yo, Shepard, el libro del que voy a hablar, también es así. Elegante y bonito son las palabras que nos vienen a la cabeza cuando lo tenemos en las manos, algo que ya es señal de identidad de la editorial.

Antes de comenzar con el análisis propiamente dicho, me gustaría dejar claro que este texto contiene mi humilde punto de vista sobre la obra. De igual forma, aunque hay diversos aspectos que no han sido de mi agrado, os invito a leerlo y juzgar por vosotros mismos. Soy de quienes consideran que criticar una obra requiere conocerla bien previamente, tanto en lo bueno como en lo malo.

A la cabeza del proyecto Yo, Shepard tenemos a Andrés Ortiz Moyano, un periodista sevillano que ha trabajado para bastantes medios nacionales e internacionales. El libro denota un inmenso amor por la ciencia ficción. Nadie podría poner en duda que Ortiz ha estado investigando sobre el tema y realizando una ardua tarea recopilando datos, puesto que ya sólo el capítulo uno es una larga introducción a la temática.

Aquí es donde encontré el primer fallo. Por supuesto que tener una base sobre lo que vamos a leer a continuación puede ser muy interesante y enriquecedor. Pero en el caso de Yo, Shepard, creo sinceramente que no era necesario ampliar tanto, puesto que acaba siendo una gran desviación del tema central y parece más relleno que información útil. Ortiz podría haber hecho un gran ensayo sobre ciencia ficción que contuviera un capítulo dedicado a la saga, puesto que se podría haber explayado más hablando del tema que parece que tanto disfruta, la ciencia ficción, y así no cometer ciertos pecados que en mi opinión comete cuando se introduce de lleno a hablar de Mass Effect.

Cuando acabé el libro pude hablar con el autor gracias a redes sociales, y él, en todo momento, me quiso aclarar que era un trabajo escrito desde su perspectiva. ¿Pero es esto lo adecuado cuando se edita una obra centrada en una franquicia? ¿No habría sido más lógico hacer un buen repaso de la saga, haciendo similitudes y enlazando todos esos datos que sabe del género, y luego dedicar una pequeña parte a su visión más personal? El libro habla tanto de su experiencia y su visión que para cualquier otro jugador que no la comparta llega a resultar en partes aburrido e incluso molesto. Las descripciones de los personajes en su quinto episodio son en algunos momentos incómodas de leer, y es, probablemente, una de las partes que me dio peores sensaciones.

De Ashley se dice que es un «rollazo en cualquier caso» pero la salva en el primer título porque es más atractiva que Kaidan. Toda la elegancia que Ortiz usa a la hora de hablar de las numerosas referencias sobre ciencia ficción, aquí la pierde al hacer un comentario tan burdo como ese, que además se repite poco después. Posteriormente leemos la descripción de Kaidan que me chirrió incluso más. Parece que el autor no entiende la bisexualidad del personaje y no le convence que su compañero de armas de repente pueda ser un interés romántico de Shepard cuando se juega en su versión masculina. Hay unos bichos enormes destruyendo el mundo conocido y todo tipo de especies conviviendo, pero la bisexualidad del personaje «sencillamente no pega» como afirma el autor en su ensayo.

Tras esto tenía miedo y a la vez ganas de leer lo que nos tenía que decir de Garrus, el personaje que, junto a Mordin, es mi preferido.

Curiosamente, empieza su descripción comentando justo lo mismo: también es su favorito. Me dije aliviada que en este punto no la fastidiaría, pero poco después encontré un error colosal con una frase mítica del personaje y la saga en general. Según Ortiz «no hay Shepard sin Vakarian, dicen muchos fans de la saga». Es un momento imprescindible en Mass Effect, sea Garrus tu interés romántico o tu amigo. Es una frase muy especial, llena de significado y ese instante está lleno de emoción, cerca del final donde el jugador ya tiene los niveles de adrenalina y emotividad hasta los topes. Me parece increíble que el autor escriba y publique un ensayo sobre estos juegos cuando ha olvidado un momento esencial y memorable, o que al menos podría haber comprobado antes de decir que era una frase de los fans.

Tras las palabras sobre Garrus, tenemos la descripción de Liara que aporta más «terror» a la lectura, haciéndola demasiado personal y hasta grotesca en cierto modo con frases como «creo que llevo más años enamorada de ella que de mi mujer». Puedo entender que quisiera aportar un toque algo menos serio en algunos fragmentos pero me parece un comentario bastante desafortunado. Y sobre el tema de descripciones quiero acabar con otro fragmento que me resultó casi insultante: el dedicado a Jack.

Si estás escribiendo una obra en la que hablas de los personajes que aparecen en ella, aunque quieras dar cierto toque de tu visión personal me parece terrible empezar diciendo «Jack me da pereza», pero luego una buena parte de ese texto es sobre su diseño y para echar pestes de un personaje que a muchos gustó. Que sí, insisto en que es su ensayo y su visión, pero aún así decir que un personaje «da pereza», que es estereotipado y tópico, pero contarnos detalles sobre su diseño quizás no es la manera más correcta. Pero pasemos a otro aspecto que me decepcionó del libro, puesto que no quiero detenerme también en las palabras dedicadas a Miranda, la cual es «superdotada, y además un pibón».

Un aspecto que destaca mucho en la saga es el tratamiento de la sexualidad. No, no es un juego sobre sexo o que abuse de este tema, sino todo lo contrario, está muy bien llevado y resulta para mí una delicia el trabajo hecho con este contenido. Se merece un capítulo aparte independiente o hasta casi un libro por sí sólo. Cuando Andrés Ortiz habla de lo bien desarrolladas que están las relaciones amorosas en el juego pensé que por fin estábamos de acuerdo. Describe la narración de éstas como honestas y es la sensación que también me dio a mí, pero de nuevo vuelve a hablar sólo de su opinión. Deja bien claro en todo momento que eligió la opción masculina de Shepard, por lo que en esta escueta sección ‒ algo menos de dos caras ‒ no menciona la relación con Garrus, tan bien valorada por la comunidad, y tampoco se extiende en el tema de la homosexualidad.

Anteriormente comentaba cómo le parece que no pega la bisexualidad de Kaidan dentro del contexto del juego y el personaje. Aquí habla de Liara y comenta que no es lesbianismo cuando se juega con Shepard femenina por como son las asari. Entiendo por un lado que quiere decir y, a la vez, me parece una bofetada a lo que ha hecho BioWare con la normalización de la homosexualidad en Mass Effect. Obviamente el autor de Yo, Shepard ve a Liara como un personaje femenino tras leer su descripción, pero luego de nuevo suelta más referencias del mundo de la ciencia ficción como para justificar todo lo posible que no es lesbiana o bisexual, sino más un sexo neutro como en La mano izquierda de la oscuridad (1969). Curiosamente se queja de aquellos que le critican cuando él intenta darle la vuelta totalmente, quitándole el mérito a esa citada normalización que tanto se agradece en el universo de Mass Effect.

El libro está bien escrito, pues al fin y al cabo su autor es periodista, pero esto se ve principalmente en todo momento que saca a relucir las distintas referencias sobre ciencia ficción. Sigo pensando tras leerlo y volver a meditar sobre él que Ortiz habría hecho una guía sobre el género muy completa y fantástica, pero que como libro de Mass Effect falla bastante. No me parece lo más adecuado publicar una versión tan personal en todo momento de un universo como el creado por BioWare, dónde sobran los datos y falta hablar de muchos aspectos que hacen de la saga algo único y maravilloso.

1 comment

  1. Avatar Naufri Juárez dice:

    Gracias por el artículo, buen análisis.

    Compré el libro esperando un gran ensayo sobre la saga. Tras ojearlo brevemente e ir, casi directamente, a la parte de los personajes, perdí las ganas y lo abandoné en la estantería. Supongo que en algún momento lo leeré pero leyéndote, creo que va a ser dentro de mucho tiempo.

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