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Lo que los videojuegos nos hacen sentir
Violeta Sáez

Lo que los videojuegos nos hacen sentir

A veces me pregunto por qué me gustan tanto los videojuegos. Cuál ha sido la chispa que ha logrado que dedique parte de mi tiempo a este medio. Por qué crea tantas pasiones y por qué se habla de ellos en todo el mundo. Entonces me paro, de brazos cruzados, a observar la estantería donde tengo colocados algunos de mis videojuegos. Observo el lomo, la cubierta y portada de  cada uno de ellos. Y siempre acabo sonriendo.

Sonrío porque cada una de esas portadas me hace rememorar un momento específico de mi vida. Dónde estaba, con quién lo jugué y cuándo lo jugué. La nostalgia toma un papel muy importante en todo esto. Pero obviamente no puede existir nostalgia si no hay atracción en primera instancia. Y lo que hace atractivo a un videojuego es su interacción. Pero no solamente con el juego per se, sino también con nuestro entorno y más concretamente con otras personas.

A diferencia de otros medios, los videojuegos producen una experiencia distinta porque dos partidas nunca serán iguales. Cada usuario puede jugar de diversas maneras o tiene un tipo de estilo de juego. Por tanto aunque estemos jugando al mismo título, nadie habrá tenido la misma experiencia ante el mando. Además, a lo largo de una partida pueden surgir muchas anécdotas y muy probablemente serán divertidas de contar o compartir. De ahí el gran éxito que tienen los videojuegos en las redes sociales y de que millones de jugadores quieran subir sus sensaciones o partidas a la red.

¿Por qué triunfa tanto un let’s play comentado, si la gracia de un videojuego es poder jugarlo? Contestar a esta pregunta es un poco la clave para entender lo que los videojuegos nos hacen sentir. El éxito de un let’s play no recae en ver el videojuego en sí, sino quién lo juega y cómo lo juega. Es la experiencia que está viviendo el usuario, que está compartiendo su partida, lo que realmente interesa.

No solo nos interesa poder jugarlo nosotros, sino también poder compartir esas sensaciones con los demás. Siendo conscientes de que el resto, probablemente, lo vivirá de una manera completamente distinta o diferente. Son esas diferencias, las que nos hacen sentirnos atraídos hacia el resto de jugadores y lo que permite que este medio tenga un componente social único, que otros medios no poseen.

Es cierto que al cine puedes ir acompañado de tus amigos y siempre quedaran en nuestra memoria los debates posteriores al visionado de una película, en el restaurante de comida rápida de turno. No obstante todos habréis visto la misma película y habréis experimentado sensaciones muy parecidas. Siempre puedes hablar, recomendar o debatir sobre un libro. Pero a la hora de “consumirlo” la escena es más solitaria: tú, un cómodo sillón y una maravillosa historia por delante que disfrutar. Pero todos habréis leído el mismo libro. Con los videojuegos no ocurre igual.

Si a esto le añadimos el componente multijugador del que disponen gran variedad de títulos, las posibilidades son infinitas. Cada partida será radicalmente distinta y cada jugador tendrá una experiencia única por su propia forma de jugar. Los cibercafés se llenaban de gente queriendo jugar con otras personas y los corrillos alrededor de una máquina recreativa, en los años ochenta, era el mayor pasatiempo de muchos niños y niñas en la época.

Que los videojuegos se hayan abierto en los últimos años al gran público, solo ha logrado que mi experiencia ante el mando se enriquezca aún más.”

Al final te das cuenta, de que siempre hemos querido compartir con otras personas este hobby. Porque el poder interactuar y compartir nuestras aventuras ante el mando con los demás, forma parte de la experiencia. Y no es tan enriquecedora si no puedes compartirla con el resto.

Llevamos años escuchando que los videojuegos nos vuelven antisociales, introvertidos y solitarios. Finalmente he acabado entendiendo, que para nada es eso lo que los videojuegos me hacen sentir. Más bien todo lo contrario porque, como comentaba al principio, soy capaz de identificar una carátula con una persona y un momento. Un tema musical, con una anécdota y una tarde de risas. Un personaje, con una enseñanza y una lección. Un videojuego, con un nuevo amigo o hasta un grupo de conocidos.

Que los videojuegos se hayan abierto en los últimos años al gran público, solo ha logrado que mi experiencia ante el mando se enriquezca aún más. Porque gracias a ello se ha logrado, que se tenga en cuenta al público femenino. Que la narrativa y los personajes representen a diversos colectivos. Que jugar a videojuegos no tenga edad y todos podamos disfrutar por igual de esta afición, independientemente de cuántas primaveras hayamos vivido.

Por una parte, hay personas que han logrado encontrar el amor gracias a este medio. Otras han logrado sobrellevar mejor una mala época, gracias a una saga de juegos. Otras tantas han encontrado su profesión o vocación porque un personaje les marcó. Por otra parte, personajes como Lara Croft han inspirado a generaciones de jóvenes. Y muchos pequeños hospitalizados, han logrado superar las largas jornadas encerrados entre cuatro paredes, por una videoconsola, gracias a asociaciones como Juegaterapia.

Los videojuegos nos hacen sentir cosas porque han sido creados con ese fin. Sin embargo, lo que los engrandece no es tanto lo que nos cuentan. Es más bien lo que el jugador acaba contando sobre ellos. Son las historias que se forman detrás del tándem juego más persona. La historia que te ha formado a ti, como jugador. Son las anécdotas, las risas, los recuerdos, las personas y vivencias que te han llevado a adquirir ese producto y disfrutarlo. Que te hacen coger ese juego y recordar por igual tanto su contenido como su contexto.

Sin duda es la interactividad lo que marca la diferencia con el resto de medios y lo que provoca que la inmersión sea mayor para muchas personas. Y no es que los videojuegos sean mejores ni peores que la literatura o el cine, ni mucho menos. Simplemente la experiencia y la interacción social es distinta. Por tanto las sensaciones también lo serán.

A día de hoy, tengo la percepción de que debo seguir justificando ante los demás el motivo por el que dedico tanto tiempo a este medio. Pero luego recapacito y pienso en todo lo que los videojuegos significan para mí y al final acabo olvidándolo. Creo además que os sucederá lo mismo a vosotros, queridos lectores, si os habéis sentido mínimamente identificados con mis palabras. Porque no es poco, todo lo que los videojuegos nos hacen sentir.

*La imagen destacada ha sido realizada por Andrea Almeida.

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