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The Gardens Between
Tamara Morales

The Gardens Between

The Gardens Between en un juego de puzles 3D lleno de amistad, cariño y recuerdos que junto a su música harán que jugarlo te llene de tranquilidad y te den esa desconexión y ese ratito para ti que muchas veces se necesita.

Sin tener una dificultad excesiva, The Gardens Between es apto para todo el mundo que quiera algo tranquilo y corto para despejarse entre juegos.

Comenzamos el juego conociendo a sus dos protagonistas: Arina y Frednt, quienes se están refugiando de una tormenta en su casa del árbol ubicada entre ejem sus dos jardines. Recorreremos en su casa del árbol, convertida en barca, unas islas construidas en base a lo que han compartido durante su amistad y serán ellos los que te lleven a ti aunque tú los manejes por sus recuerdos hasta el final. Iremos consiguiendo constelaciones, que serán sus recuerdos completos, y cada constelación tendrá dos o tres islas con temática relacionada pero que, hasta que no las acabemos, no sabremos qué recuerdo es el que hemos estado viviendo.

Todo lo que se te presenta en el puzle es usable de una forma u otra y la mayor dificultad reside en saber qué usar y cómo usarlo a tu favor para poder seguir avanzado.

Te has de fijar bien en los movimientos de todos los objetos detenidamente y seguir sus trayectorias, rebobinando o adelantando varias veces hasta encontrar la posición correcta. Si bien es cierto que he encontrado la forma de conseguir las cosas de manera diferente a la establecida o predeterminada , no deja de ser un juego lineal, por lo que si te saltas esa línea que los desarrolladores han creado, te va a tocar reiniciar el nivel, ya que llegarás a un punto muerto en el que por mucho que retrocedas o adelantes no hay forma de llegar al final.

Lo que más me llamó la atención de The Gardens Between es, precisamente, su mecánica principal: usar el tiempo para tu beneficio. He de reconocer que cuando lo comencé pensaba que sería una mecánica repetitiva y aburrida por la de veces que has de volver hacia atrás y hacia adelante para que el puzle avance no podía parar de sonar en mi cabeza la canción de Ricky Martin , pero tengo que deciros que la mecánica sabe reciclarse en cada puzle para que, junto con las interacciones de sus dos personajes, no sea repetitiva. Muchas veces el ir hacia atrás nos abre un nuevo camino hacia adelante, camino que antes no habíamos visto.

Dentro de esta mecánica principal descubrimos que cada personaje tiene la suya propia: Arina es la encargada de recoger y portar los orbes de luz que te abrirán camino hasta el final del puzle y que muchas veces has de perder en favor de la oscuridad si quieres avanzar por ciertos caminos. Frendt es el encargado de las campanas chinas y otros objetos, haciendo que las plantas que dan o absorben el orbe de luz se abran o cierren. También es el que interactúa con objetos tales como calculadoras o radios, que cambian la trayectoria de algunos objetos dentro del puzle.

Arina y Frendt siempre van juntos y sus mecánicas son complementarias, es decir, uno no puede caminar sin el otro, y esto nos dice mucho de la relación de amistad que mantienen pese a que su final nos deje con un sabor un tanto agridulce. Ambos caminan juntos y, aunque a veces toman distintos caminos, al final se acaban uniendo y continúan juntos hasta el final.

Cada puzle, como he mencionado antes, es un recuerdo diferente y por tanto tiene una ambientación diferente con una banda sonora excepcional. No es un juego largo ya que, si haces todos los puzles a la primera, el juego superará por poco la hora de juego, pero si eres como yo y no los resuelves a la primera o ves todas las posibilidades antes de comenzar a andar, el juego pasará las dos horas, puede que incluso llegando a tres. Perfecto para la sobremesa o un rato antes de dormir.

Estamos ante un juego que no tiene diálogos, solo acciones y sobre el que, isla tras isla, seremos testigos de la amistad tan especial que comparten nuestros dos protagonistas sabiendo desde un principio, gracias a las cajas de mudanzas que aparecen, que el final y su separación es inevitable y que estamos reviviendo sus últimos momentos juntos. Las sensaciones nos la dan el entorno y la música, a veces sintiendo esa felicidad y tranquilidad de dos niños jugando y creando buenos momentos visitando una isla con tonos cálidos y sol, y otras veces tumultuosas, visitando una isla con lluvia, rayos y truenos en la que el recuerdo es algo más amargo ─ como la pantalla que nos da la bienvenida ─.

Para mí ha sido un juego que me ha sabido a mucho y a poco a la vez. A mucho por todo lo que me ha transmitido con sus puzles maravillosamente creados, su ambientación y el cómo se ha de interactuar con todos los objetos que nos ponen en el camino o alrededor. Y a poco porque se me ha hecho corto, pese a que he intentado dosificarlo y hacer solo una constelación justo antes de cenar. Su paleta de colores, escogida con sumo cuidado, hace que visualmente sea una delicia que vale la pena jugar.

Lo tenéis disponible en todas las plataformas, incluso móvil, para que lo disfrutéis. No os perdáis la oportunidad de echarle el guante.

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