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Ellen o el terror pixelado
María Martín

Ellen o el terror pixelado

Hace un año que la apacible vida en el pueblo de White Hill se vio sacudida cuando, en la mansión de los Smiths se encontraron los cadáveres de toda la familia, salvo la pequeña Ellen.

Lo que antes era una villa tranquila e idílica, se ha convertido en un hervidero de rumores e historias extrañas sobre figuras que aparecen y desaparecen en las ventanas de la casa. Así que James (tú), un decidido detective, decide lanzarse a la búsqueda de la verdad armado por una libreta y su ingenio. Porque ¿quién dijo miedo habiendo hospitales? (habitual dicho de mi antiguo grupo de rol antes de que decidiéramos llevar a cabo un plan absurdo que acabaría, invariablemente, con al menos un PJ herido, loco o, directamente, muerto). Esta es la premisa de Ellen, una aventura indie de puzzles, terror y algo de mala uva que he tenido la suerte de jugar en las últimas semanas.

Del estudio Red Mount Media Intl, Ellen está enteramente desarrollado en Unity, pero, a diferencia de otros títulos que han usado la misma herramienta (Cuphead, Hollow Knight o Monument Valley 2), sus creadores no han usado el potencial de ésta para crear un producto “mono”. Al contrario, han optado por el estilo pixel art 2D, muy tosco en ocasiones (en las escenas de ensoñación, mi mente no podía dejar de pensar en lo bonitas que podrían haber sido) pero que, a cambio, no te distrae de la historia ni de la atmósfera, que crean con los efectos de sonido y la música. Porque es precisamente en ese apartado donde destaca Ellen, con algunas melodías realmente inquietantes, la capacidad de hacerte pegar un saltito y ponerte de los nervios en más de una ocasión. Incluso, en ocasiones, juegan al despiste haciéndote creer, por la banda sonora, que vas a tener un encuentro fatal, cuando en realidad, y si te fijas correctamente, no se dan las condiciones para ello. Ellos mismos recomiendan jugar con las luces apagadas y unos cascos y debo decir que yo, sin ser de las que se asustan fácilmente (o eso creía), no pude aguantar más de dos horas así. Aunque si no eres un alma sensible como yo, me uno sin fisuras a la recomendación. La capacidad para crear una atmósfera inquietante se multiplica exponencialmente siguiendo sus instrucciones.

Pero vayamos al juego. ¿Qué es Ellen? Se trata de una aventura de puzles y pistas en la que tu objetivo es descubrir qué le pasó realmente a la familia Smiths. El campo de juego es, en su mayoría, la mansión familiar y un par de escenarios fuera de ella, en los que te encontrarás con monstruos que merodean por allí, (especial mención a la “maldita araña”, como acabé llamando a uno de ellos, y al “perro del infierno” que acabó conmigo más veces de las que quise contar). Aunque lo cierto es que se trata de una aventura bastante lineal -para llegar a B antes tienes que resolver A-, lo cierto es que a veces puedes empezar C, o incluso D, sin haber terminado lo anterior. Aunque nunca podrás terminar escenas en distinto orden. Por ejemplo, yo accedí al invernadero antes de tiempo y me quedé bastante atascada intentando encontrar un objeto que no aparecería hasta tiempo después (me faltaban un par de escenas antes de llegar a eso).

En general el juego es bastante sencillo en el sentido de que, en la habitación del niño encontrarás la clave para acceder a la cocina, y en la cocina, las herramientas para acceder al cobertizo del jardín (no, es un ejemplo, que no quiero hacer spoilers). Aunque a veces tendrás que volver atrás sin saberlo y tendrás la sensación de que has hecho algo mal porque parece que no puedes avanzar. Así que ahí tenéis mi consejo no solicitado: prestad atención a todo lo que aparece en las escenas visitables y, ante la duda, volved a entrar en aquellos sitios que creéis que habéis agotado.

Por el camino iréis recogiendo objetos que formarán parte de vuestro inventario y que sólo podréis usar una vez. Por suerte, solo podréis usarlos para lo que valen, impidiendo el mal uso de los escasos recursos de los que vais a disponer. También encontraréis notas, propias y ajenas, que os ayudarán a desentrañar el misterio, dibujos que os “ayudarán” en algunos puzles, fotografías que os darán pistas y unas grabaciones en cinta que, sin aportar nada al desarrollo de tu aventura, ayudan a crear la atmósfera.

Otro consejo: gestionad bien la batería de la linterna, que no es, ni de lejos, infinita. De hecho, yo conseguí acabar con ella y en algunas habitaciones me movía totalmente a oscuras. Eso no impide que interactúes con los objetos que hay, pero no tendrás ni idea de qué has hecho/logrado hasta que no llegues a un espacio iluminado, porque ante ti tendrás una pantalla en negro (con los objetos resaltados burdamente en blanco) y los cuadros de diálogo serán igualmente negros.

No hay muchos puzles, (ahora mismo recuerdo cinco), y su dificultad no radica en la inteligencia del jugador. No se trata de recordar grandes combinaciones de letras y números, (aunque uno de esos hay y luego me tiré medio juego tomando notas inútiles), sino de la capacidad de abstracción que tengas. Reproducir una imagen bastante pixelada en un espacio más pixelado aún no es tarea fácil. Pero, como en todos los puzles, puedes empezar por encontrar los bordes y construir desde allí. Quizá el más complicado en ese sentido sea el final, que reconozco que yo resolví por pura potra.

Y es en esto y en la interfaz donde quizá se sufran más las limitaciones del juego. Porque no hay trucos ocultos para correr más y escapar de los monstruos, solo tienes que empezar a hacerlo en el momento correcto, o esconderte en la esquina perfecta. Y eso a veces no es fácil de captar en el primer intento. No poder abrir el inventario (o las teclas de acceso rápido a objetos -muy recomendable usarlas) mientras estás hablando o interactuando con objetos tampoco es lo más agradable del mundo. Como tampoco lo es que algunas líneas de diálogo se repitan más que el ajo en un mal día. En serio que no costaba tanto inventar un par de frases más para objetos que se repiten insistentemente (plantas, os estoy mirando a vosotras).

Por último, debo confesar que el final me ha parecido lento y, al estar mal explicado (por no decir que no está nada explicado) lo que tienes que hacer, es completamente anti-climático. La escena anterior (incluido el puzle infernal) está muy bien desarrollada y consiguen transmitir bien el horror de lo que ha ocurrido. Pero tirarme cerca de dos minutos después de eso esperando a que pasara lo que ya sabía que iba a pasar, sin saber que tenía que provocarlo yo, ni cómo, le quitó algo de gracia al asunto.

Sin embargo, y a pesar de estos fallos, debo decir que Ellen me ha gustado mucho y que me lo pasé de una sentada (4,2 horas, según Steam). Se trata de uno de esos juegos que te recuerdan que, en muchas ocasiones, lo importante es la historia, no el tener unos gráficos impresionantes, y esa parte ellos la cumplen a rajatabla. Sin ser especialmente innovadora (¿cuántas veces nos hemos adentrado en casas encantadas persiguiendo fantasmas?), funciona como un reloj, y todo el aspecto sonoro compensa las faltas en otros ámbitos. Por menos de 10 euros es, sin duda, una compra que recomendaría. Y recordad: luces bajas y cascos. Pero poned un cartel en la puerta de “no molestar” o acabaréis pegando el mismo grito que di yo cuando el gato decidió subirse a mi regazo…

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