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Florence: desde tu móvil a tu corazón
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Florence: desde tu móvil a tu corazón

Florence Yeoh, 25 años. Florence Yeoh somos tu y yo. Vive su vida: se levanta, va al trabajo, come, habla con su familia, descansa y empieza su ciclo de nuevo…hasta que conoce a un chico. ¿Es Florence una idílica historia sobre el amor verdadero? ¿El mensaje es que el amor va a sacarnos de nuestra mundana rutina? Definitivamente no.

Me gustaría pediros que, si tenéis pensado jugar a Florence, no leáis este análisis. Ni este ni ningún otro. No es mi intención sobresaturarlo de spoilers innecesarios, pero no va a dejar de ser un juego que te puedes pasar en menos de una hora, así que cualquier palabra que leas de más será una experiencia que vivirás de menos dentro del juego.

Dicho esto, Florence es una historia sobre el autoconocimiento y el crecimiento. Al menos, esa es mi interpretación. Es demasiado sencillo decir que Florence es una historia de amor. Sí, lo es, pero es más que eso. Para mí, Florence es una representación exquisita sobre como crecemos y cambiamos al compartir nuestra vida con otras personas, cómo aprendemos de ellas y cómo nos inspiran. La vida de Florence cambia por completo cuando conoce a Krish, y su monotonía gris se llena por completo de color.

Nos llevan con suaves caricias en la espalda a través de esos colores, dejándote levitar a través de una historia que bien podría ser muy reconocible para todos nosotros. La ilusión y la inocencia de los primeros días de un amor y como va evolucionando se ven reflejados a través de preciosas tiras de estilo cómic con la que vamos interactuando.

Lo que más me ha sorprendido, quizá por mi faceta de game designer, es cómo estas interacciones te pueden hacer sentir perfectamente el mensaje. No hay manera posible de no entender perfectamente lo que está ocurriendo. Me gustaría destacar un momento concreto de la historia que, de nuevo, podemos considerar spoiler, así que aquí tienes una frase bien larga para que no te pille de sorpresa.

Cuando Krish y Florence tienen su primera cita, el juego nos pone delante un pequeño puzle de unas seis piezas que tenemos que montar para formar las contestaciones de nuestra protagonista. Conforme las citas avanzan, estos puzles son cada vez más sencillos hasta convertirse en una sola pieza que no es necesario montar. Florence, al principio de todo esto, esta tímida, insegura, esas piezas representan como va pensando en lo que tiene que decir antes de hablar. Sin embargo, cuando la relación se va fraguando, cada vez le cuesta menos comunicarse, cada vez tiene que medir menos lo que tiene que decir hasta que simplemente las palabras consiguen salirle con total naturalidad. Ya es ella misma.

Lo más poderoso de esta mecánica es que es un arma de doble filo, pues más adelante en el juego volveremos a verla con un mensaje parecido, pero con unas repercusiones completamente diferentes.

Hay otros muchos momentos en los que estas jugando y, de repente, quitas tu dedo de la pantalla del móvil para darte cuenta de lo que estás haciendo, ya que los desarrolladores de Mountains han utilizado ese modo de juego en concreto. Me ha encantado ver cómo el juego te hace sentir, no sólo con su precioso arte y su maravillosa música, sino también con una construcción mecánica envidiable.

Florence es un juego maravilloso. Es triste como la reticencia a pagar juegos de móvil pueda hacer que mucha gente siquiera se plantee jugar a este juego. Cuesta 3,49€. Consumimos cosas constantemente que cuestan lo mismo y nos ofrecen un placer muchísimo más pasajero que el calorcito que se te queda en el corazón al jugar a Florence. Yo, después de meses, todavía lo siento cuando pienso en esta preciosa obra.

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