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¿Mujeres y videojuegos pornográficos?
Elena Cortes Alonso

¿Mujeres y videojuegos pornográficos?

Ilustración de cabecera realizada por Vania Castagnino.

La polémica sobre Negligee volvió a abrir la brecha sobre las mujeres y los videojuegos pornográficos. ¿Existen de verdad títulos en este sentido destinados principalmente a un público femenino y que vayan más allá de un dating sim?

No tiene pinta de ser un gran videojuego, pero aun así hace unas semanas el título Negligee de Dharker Studio acaparaba la atención de la red por ser el primer juego con sexo explícito que Steam autorizaba a estar en su plataforma (esa plataforma que lleva años protagonizando idas y venidas con la censura del contenido sexual de sus videojuegos). Podría haber sido un juego que pasara totalmente desapercibido, en verdad, pero era presentado como un juego censurado en 28 países y eso, cuando menos, enciende la curiosidad de muchas personas.

En Negligee regentas una tienda de lencería, y tu cometido en el juego es conseguir que tus bellas empleadas cumplan los deseos de la clientela. Ya sabéis, para que el negocio vaya bien. Lo típico, vamos. A pesar de ser una historia bastante simplona, las ramificaciones de la trama guiadas por tus decisiones adornan un título en el que, como muchos comentarios en Steam apuntan, vas a lo que vas. Es decir, a consumir lo que el videojuego te promete: tetones enormes y cinturas diminutas que desafían las leyes de la física y la anatomía y escenas en las que piensas que, después de “currártelo”, presenciar y protagonizar un buen polvete con imágenes interesantes es lo que te mereces como jugador.

Hasta aquí todo bien, ¿no? Lo que viene a ser una novela visual japonesa más, es decir, parece que este juego no trae nada nuevo (a pesar del polvo levantado). Sin embargo, su lanzamiento y su posterior polémica también han servido para que algunas jugadoras consumidoras de este tipo de entretenimiento enarcaran una ceja y se murieran del aburrimiento ante un juego que, efectivamente, no trae nada nuevo. Y muchísimo menos aporta nada nuevo para las mujeres.

¡Soy una mujer con una tarjeta de crédito en la mano y quiero ver porno!

La periodista británica Caitlin Moran comenta en un capítulo de su libro Cómo ser mujer su frustración nocturna cuando quiere pagar por buen porno y no encuentra nada que se adapte a lo que ella quiere. ¡Soy una mujer con una tarjeta de crédito en la mano y quiero ver porno!, dirá Moran, para reivindicar, en parte, la necesidad de una oferta pornográfica orientada al gusto de las consumidoras, con A. El mundo de los videojuegos no es una excepción: existen consumidoras dispuestas a pagar por buen contenido pornográfico, el problema es que nunca se las tiene en cuenta.

Y ahora vienen los peros. Pero si hay muchas tías que juegan a videojuegos con contenido pornográfico. Pero si hay muchas que disfrutan y hasta se masturban. Pero si hay muchas que juegan a estos juegos con sus parejas. Pero mimimimi. Claro que hay oferta, el problema es que la oferta que existe hoy en día está dedicada a satisfacer el deseo masculino y, si de paso alguna mujer disfruta jugándolo, pues bien. Y si no, pues no pasa nada. La mujer es el elemento que tiene que adaptarse si así lo quiere, no el elemento al que va dirigido el producto, al menos en lo que a visual novels con contenido explícito se refiere.

videojuegos pornográficos

Como una jugadora me comentó al hablar sobre este asunto, el mundo de las visual novel es un agujero negro. Muy negro, a decir verdad. Y en esta vorágine de pechos, relaciones homosexuales y conversaciones para ligar, uno puede encontrar de todo. En muchas ocasiones, para que una mujer pueda encontrar un juego erótico o pornográfico dirigido a mujeres (y, a veces, hecho por mujeres) tiene que acudir al yaoi. Como ocurre también en el mundo del manga y el anime, el yaoi no sólo es recipiente de interés de hombres homosexuales, sino también de mujeres que se divierten con las tramas amorosas mientras conocen a hombres atractivos. Títulos como Silver Chaos o Dramatical Murder ejemplifican esta cuestión: videojuegos con elementos distópicos y fantasiosos con protagonistas masculinos muy atractivos que tienen relaciones entre sí.

¿Por qué encasillar el deseo de la mujer en el mero deseo romántico? ¿Acaso una jugadora no puede tener ganas de consumir contenido sexual sin trama sentimental de por medio?

“La única manera de ver chicos atractivos y hacer sus rutas es en juegos gay”, comentó esta misma jugadora. Si a alguien le sorprende que mujeres tengan que acudir al yaoi para hallar contenido erótico que le interese e incluso le satisfaga esta sorpresa se deberá, seguramente, a que ni es mujer ni ha intentado buscar alguna vez un título eroge o hentai que no estuviera basado principalmente en la hipersexualización de los protagonistas femeninos. Más allá de eso, poco se puede hallar.

Dentro de las visual novel, no obstante, hay géneros dirigidos a la mujer, como los otome. Sin embargo, caemos en el mismo agujero: en los otome el peso de la trama cae sobre las relaciones románticas y sentimentales entre los protagonistas, quedando el sexo en un plano muy secundario. ¿Por qué encasillar el deseo de la mujer en el mero deseo romántico? ¿Acaso una jugadora no puede tener ganas de consumir contenido sexual sin trama sentimental de por medio? Diréis: ¡sí, cualquier videojuego hentai! Pero no, volvemos a la casilla de salida: esos videojuegos han sido desarrollados pensando en jugadores masculinos.

Un videojuego popular entre las jugadores es Katawa Shoujo, por la belleza de su trama. Sin embargo, la crítica que se vierte sobre este título sigue siendo la misma: la historia está totalmente orientada a hombres. Y cuando se habla de una trama pensada para los hombres no sólo se trata de lo más superficial (la hipersexualización de sus personajes femeninos o, por ejemplo, tramas relacionadas con deseos sexuales masculinos muy oscuros, por así decirlo), sino también en la ausencia de temáticas importantes. En este sentido, también es destacable el otome Cute Demon Crashers, precisamente por presentar relaciones cuidadas y basadas en el consentimiento y la confianza (el videojuego permite decir “No” a una escena sexual si el jugador no se está sintiendo cómodo con ella).

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Pero hace falta más, como ocurre con los tentáculos que el porno extiende por otros muchos tipos de entretenimiento. Cuando una mujer demanda un contenido pensado para ella, no está pidiendo solamente una historia profunda, o personajes atractivos, o escenas de sexo suave, o escenas de sexo duro, o juegos sexuales perversos: puede que lo esté pidiendo todo, porque una mujer puede pedirlo todo si así lo desea. El problema sobreviene cuando te enfrentas a un mercado donde casi nunca encuentras algo que te satisfaga del todo, porque no hay nada en el mercado pensado para ti de la misma manera que se piensa en otros usuarios.

En origen, el titular de este artículo prescindía de los signos de interrogación. Sin embargo, conforme fui recopilando la experiencia de jugadoras comencé a preguntarme si de verdad existen videojuegos pornográficos creados pensando en la mujer o si se estaban conformando con lo que encontraban en el mercado y no sólo les resultaba atractivo sino que también no les ofendía demasiado (“Hay cada cosa por ahí que dan ganas de prenderle fuego a Internet”, me dijo una). Lo insatisfactorio vuelve a ser, una vez más, la ausencia de diversidad. Acordaos de Caitlin Moran con su tarjeta de crédito en la mano y su calentón nocturno forzadamente frustrado.

Gracias a @Meyen_Antalis, @fooricuri, @Kirilian_, @DamagedBrainzs, @LadyArtmer, @Astharen, @CrystalWolfCat, @afabuloukilljoy y otras tantas mujeres bonitas que me ayudaron para este artículo contándome su experiencia.

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