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Celeste: respira, todo saldrá bien.
Gisela González

Celeste: respira, todo saldrá bien.

La montaña es muy alta y está llena de peligros, precipicios inhóspitos, un suelo inestable, caídas vertiginosas, sólo un loco o un desesperado se atrevería a intentar llegar a la cima. Sin embargo, también está llena de magia, de bellos panoramas y de lecciones importantes; sí, es difícil, pero ¿cuándo algo que valga la pena ha sido fácil?

Celeste es un juego indie de plataformas desarrollado por Matt Makes Games como un prototipo durante un Game Jam que después se vio expandido y finalmente vendido al público como un producto completo. La historia sigue a Madeleine, una joven decidida a escalar la titular Montaña Celeste para probarse a sí misma que puede lograrlo, y todos los obstáculos con los que se encuentra en su camino.

Pese a que el juego se basa en el plataformeo de precisión al estilo de Super Meat Boy y puede llegar a ser increíblemente inmisericorde con sus saltos y lo que exige del jugador, Celeste le da un giro a su estilo de juego y a su narrativa al combinar las dos en una, bastante acertada, metáfora sobre la ansiedad y la depresión.

Si bien esta forma de contar las cosas puede parecer un poco obvia, la sencillez y carisma de la historia ayudan a conectar con la protagonista y a que el jugador se preocupe por ella, deseando ayudarla a conseguir sus metas.

Los personajes ayudan mucho en este aspecto, pues si bien la historia gira en torno a Madeleine y su ascenso a través de la montaña, no está completamente sola y en el camino uno se puede topar con más personas: Theo, un fotógrafo de Seattle que se ve empujado a la montaña buscando su propio camino en la vida; Oshiro, el fantasma encargado de un hotel al pie de la montaña que se ve atrapado por su pasado y su imposibilidad de avanzar hacia el futuro… Sus encuentros y pláticas con Maddie la ayudan no sólo a comprender sus propios problemas sino incluso a encontrar una solución y le dan el apoyo necesario para continuar.

Sin embargo la belleza del juego no radica en sus mecánicas o en su plataformeo inmisericorde sino en la sinceridad y amabilidad con la que trata al jugador. En otros juegos donde la dificultad se usa como punto central, las muertes del jugador son vistas como algo gracioso de lo que es divertido burlarse; en cambio, en Celeste se toma un acercamiento más suave, asegurándole al jugador que cada muerte es un aprendizaje y que no importa cuántos intentos tome, eventualmente logrará pasar la pantalla, el capítulo y finalmente el juego.

A lo largo de la historia el jugador puede encontrar fresas, que son los coleccionables del juego y que sirven de incentivo para que el jugador quiera hacer maniobras más arriesgadas dentro de los niveles para obtenerlas. Sin embargo, el juego asegura que sólo sirven para impresionar a tus amigos y que, aparte de eso, no tienen ninguna utilidad: no hay necesidad de ir por ellas si no se desea.

Todo esto tiene un efecto interesante en la mente del jugador, pues las muertes dejan de doler y frustrar tanto como en otros juegos. Sin duda, esto es ayudado por el hecho de que las muertes son rápidas: no hay pantalla de Game Over sino que el juego te regresa al punto inicial y eres libre de volver a intentarlo. Aunque en otros juegos similares esto también ocurre, aquí no carga tanto ese pesar y enojo de sentir que el mismo juego se está burlando de tu ineptitud, aquí se siente como un pequeño contratiempo que, con pacienci,a se puede resolver. Después de todo, en cada intento fallido se llega un poco más lejos.

Esto forma parte de la gran narrativa de Celeste sobre superar los obstáculos, que sin importar lo imposible parezca el reto y las veces fallemos, con un poco de paciencia y determinación todo se puede lograr y hasta el más grande abismo se puede sortear.

Para una persona que sufre de los mismos problemas que Maddie, el juego ofrece cierto nivel de confort y apoyo, pero siempre reiterándole tanto al jugador como a su protagonista que si uno no acepta quién es y aprende a trabajar consigo mismo teniéndose confianza, el viaje no sólo será más difícil sino que se volverá casi imposible.

Pese a su dificultad, Celeste es un juego lleno de esperanza que usa una metáfora sencilla para aclarar su mensaje: sin importar qué tan alta sea la montaña y qué tanto te digas que no lo vas a lograr, siempre que tengas determinación y continúes sin detenerte podrás ver el fruto de tu trabajo, y aunque este no sea el que siempre esperaste, al menos hiciste tu mejor esfuerzo y puedes estar orgulloso de ello.

Respira, al final todo saldrá bien.

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