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Hypnospace Outlaw
Maria Cubiles

Hypnospace Outlaw

El poder de controlar el contenido de la red. Esta es la premisa con la que Hypnospace Outlaw nos hace sumergirnos en un mar de páginas web noventeras, pixeladas y raras. Vamos, lo que nos encontramos hoy día en internet pero con peores gráficos. La cuestión es que realmente no censuras lo que te apetece, sólo cumples órdenes, y los censurados no estarán de acuerdo con tus movimientos, lo que te hará replantearte si realmente estás actuando bien.

En lo que he podido jugar a Hypnospace me he sentido mal conmigo misma, después me he sentido bien por censurar a un adolescente un tanto mamarracho, y después simplemente me he sentido un instrumento.

Pero empecemos por el principio: Me ha vuelto completamente majara, hasta el punto de dolerme la cabeza y tener que parar de jugar. No tengo mucha fluidez leyendo inglés, así que me costó muchísimo enterarme de lo que estaba pasando. Sabía que tenía que meterme en la red en busca de infracciones, pero me costó mucho saber para qué era cada botón, la verdad. Soy una noob, qué se le va a hacer. Un añadido es la música, que no es que fuese mala, pero cuando tienes que entrar y salir 20 veces de sitios diferentes, y cada sitio tiene su música –midi y retro, te vuelves loca. La tuve que desactivar por completo, y es una pena.

En el juego, creado por Jay Tholen, hay varias zonas a explorar, y cada zona tiene alojadas bastantes páginas web. Te vuelves un poco loco leyendo todo para ver si se te está escapando algún abuso (he de decir que me he esmerado mucho) y tienes que descargarte cosas para comprobar si tienen virus. El virus que yo me descargué me dio bastante por saco, y no tenía más remedio que buscar infracciones para conseguir las monedas virtuales del juego, y así pillarme un antivirus. Vamos, creo que si lo que el juego quiere es crisparte un poco, lo consigue a la perfección.

Iconos del escritorio del juego revueltos por culpa del virus

Hypnoscape muestra casos de bullying, machismo, estafas y censuras no merecidas. El primer caso que tienes que censurar es, de hecho, el que me ha golpeado la cabeza: Un profesor que muestra dibujos de sus alumnos, basados en un dibujo animado famoso. No sé realmente si podría no haber censurado esos trabajos tan adorables y haberme pasado la fase igual, pero el juego te lo permite y te dice que bien hecho además de, por supuesto, pagarte por ello. Si no estuviesen inflingiendo alguna regla de Hypnospace, no te dejaría censurarlo. Y no es hasta después de llevar yo ya un rato entretenida buscando otras cosas, que me encuentro con que el profesor ha escrito en su perfil una queja con respecto a lo que ha pasado. Dice que no entiende la censura de unos dibujos, que qué clase de gente es la que se encarga de la seguridad y porqué los directores de este espacio virtual mantienen restricciones tan absurdas. Aquí ha sido cuando he pensado: «Joder, este profe tiene razón, ¿por qué me han dejado censurar esto con la de mierda que hay?

Y aquí, amigos, es cuando te empieza a rechinar todo. Pero el siguiente caso que tienes es de bullying, así que te centras en dejar de sentirte mal e ir a por un mal mayor, el adolescente que no sabe dónde tiene la cara. Este personaje tiene una web oculta (que me ha costado bastante encontrar) en la que ridiculiza a otro usuario, así que con muchísimo gusto lo he censurado y me he llevado mi buen dinerito, que me he gastado en el ansiado antivirus. Atención a lo que escribe el chaval en su status cuando ya lo has reportado:

Los siguientes casos que te encuentras son de machismo y de estafas. Ha sido mi parte favorita del juego, ya que ha despertado mi interés un poco más, y no porque el bullying no sea importante, sino porque ves más chicha en el juego, ves más avance.

De la parte del machismo se encargaba una encuesta, en la que debías contestar a todo que sí: Que eras hombre, llevabas el dinero a tu casa, que la mujer que te enseñan es preciosa, que el hombre que te enseñan es un gran empresario de éxito, y que el niño que te enseñan es muy feliz. Y eso es, por supuesto, lo que tú quieres para ti. Seguro que os suenan los anuncios (satíricos o no) de la típica familia feliz desayunando en la cocina, normalmente americana, en la que todo parece encajar a la perfección y la felicidad es algo casi masticable (y vomitiva). Pues de este tipo es la encuesta de la que estoy hablando. Además, aunque pusieras que eres quien mantiene la familia, al indicar que eres mujer te decían que no cumplías los requisitos de lo que estaban buscando, y que cerrases esa página web. Así que he tenido que hacer la encuesta un par de veces porque no me podía esperar algo así.

Y llegamos a una parte que me ha fascinado y que incorporan en mitad del juego: La sección de las sectas y las estafas. Ha sido fabuloso leer cosas que te encuentras actualmente como si fueran cosas del pasado. Ha sido maravilloso percibir la repulsión que siento hacia la publicidad emergente desde una posición distinta. Me pregunto si no estamos locos, dejando nuestros datos en manos de quién sabe, sabiendo que la App de Facebook te escucha y te recomienda publicidad, aceptando estar rodeados de publicidad emergente de índole sexual y estafadora. De verdad que me ha encantado poder verlo desde fuera, sin estar impaciente por querer ver una serie pero tener que cerrar 5 ventanas que no he pedido ver.

Pienso que vivimos en una época en la que estamos bombardeados con tantas, tantas cosas, que es imposible siquiera tener un rato para pensar, ya sea en nosotros mismos, en la gente que nos importa o en los quehaceres diarios. No podemos tener autoconocimiento de nosotros mismos si no podemos parar, si no podemos dejar de ver y de oir lo que otros nos dicen. Y por esto, esta parte de Hypnospace me ha gustado tanto, ya sabéis que soy muy de filosofar (y si no lo sabéis, echad un ojo a otro artículo mío).

Hay de todo, desde estafas monetarias a estafas que pretenden salvarte el alma. Incluso te puedes bajar un «ayudante» para el falso escritorio en el que jugamos que, en vez de ayudar, te atiborra de publicidad. Llegan a poner en una de las páginas un anuncio de lo que parecen como unos monstruos que se han puesto de moda en Hypnoscape, y los tachan de diabólicos. Atentos a la imagen del pollito.

Mirad la carita de ese pollo y mirad la estrella, es una descripción completa del ser humano y de cómo tergiversa los conceptos a su gusto.

Lo último que me queda por mencionar es el momento en el que me he sentido un instrumento. Te mandan un correo pidiéndote que busques una infracción que no saben dónde puede estar alojada (por lo general te daban alguna pista o algún nombre), que a ellos no les costaría nada encontrar y arreglar, pero que para eso estás tú. Que no seas vago y lo busques. Os prometo que después del embotamiento que tenía en la cabeza, leer eso ha sido lo más parecido a leer a un jefe. Esos jefes que parece que son simpáticos pero no. Así que he cogido aire y muy digna me he dispuesto a cumplir mi misión, hasta que el juego me ha dicho: Ey, ya basta, se ha acabado la beta, vete a respirar.

Gracias.

¡Y hasta aquí puedo leer! Podéis encontrar Hypnospace Outlaw en su web, en la que suscribiros a la Newsletter para estar al corriente del juego.

Una última curiosidad que os digo es que el creador tiene un hamster llamado April en la vida real, al que podéis adoptar cual tamagochi en el juego. Eso sí, cuidar de él a la vez que exploras la red es muy peligroso, porque tienes que estar muy pendiente de él. A mí se me murió, por supuesto, y os prometo que lo intenté. Os dejo una foto de su mejor postura, junto con un regalo que me dejó:

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