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My Lovely Daughter
Gisela González

My Lovely Daughter

En el momento en que la vida te ha arrebatado todo, cuando tus seres queridos se han marchado, cuando lo único que te queda es la soledad de una casa vacía, cuando las circunstancias te han golpeado tanto que no puedes ver más la luz, ¿qué estarías dispuesto a hacer para recuperar una fracción de tu vida? ¿Qué tan lejos podrías llegar? Esas son algunas de las difíciles preguntas que My Lovely Daughter nos plantea con brutalidad desde el momento en que inicia, con la frialdad y objetividad de un alquimista maníaco que nos pide responder mientras nos entrega todas las herramientas requeridas para tomar la peor decisión posible.   

Este es el maravillosamente oscuro juego indie creado por la desarrolladora GameChanger Studio que salió hace apenas un par de meses en Steam. Con su estética gótica y sus temas complicados, este título narra los horribles experimentos del alquimista Fausto, un hombre derrotado, roto, que ha perdido a su familia y que lo único a lo que se puede aferrar es a un círculo alquímico y a la vana esperanza de traer de vuelta a su amada hija con el uso de magia terriblemente oscura.

My Lovely Daughter no es un juego para cualquier persona, los desarrolladores buscaban crear una experiencia poco placentera, generar incomodidad con sus temas, pues para GameChanger Studio, este juego representaba una forma de hablar de los momentos difíciles en las vidas de algunos de sus trabajadores; explotación infantil, padres abusivos, la negación de la muerte, el suicidio y la depresión son parte fundamental de la experiencia.

Para conseguir este propósito e inquietar a los jugadores una de las mecánicas más prominentes del juego es la creación de homúnculos, pequeñas niñas a las que se nos pide nombrar, mimar y cuidar constituidas de materiales varios como arcilla, metal o madera que se van consiguiendo conforme se desarrolla el juego. Estas jovencitas son sólo el medio para obtener nuestro fin y sin llegar nunca a encariñarnos, se nos pide que las obliguemos a trabajar jornadas extenuantes a cambio de remuneración que nunca es para ellas y cuando dejan de ser útiles, debemos matarlas a sangre fría para conseguir su esencia y así fortalecer el alma de nuestra hija que, al fin y al cabo, es nuestra verdadera meta.

Los desarrolladores no temen colocar la culpa en el jugador, pues antes de cometer cualquier horrible acto se nos pide seamos nosotros quienes tomemos la decisión de sacrificar a las niñas y aún después de esto se nos muestra una pequeña pantalla con el homúnculo pidiendo piedad y llorando mientras nos describen con frialdad numérica qué vamos a obtener con su sacrificio, todo en la mente de nuestro protagonista es dominado en base a su valor numérico y si no sirve no vale la pena conservarlo.

El juego está descrito en Steam como un “simulador de alquimia” pero es más un juego acerca de la gestión de recursos, donde conforme se vaya progresando iremos adquiriendo desde los diferentes materiales para crear más y mejores homúnculos, hasta el dinero con el que podremos comprar diferentes objetos útiles como los bálsamos que mantienen el cuerpo de nuestra hija lejos de la pudrición o pequeños regalos para nuestros homúnculos, para ganar sus favores y conseguir que nos amen más.

Es increíblemente interesante y una experiencia  atrapante desde el principio, donde rápidamente los días se convierten en semanas y las semanas en meses, donde siempre se vive al acecho de la siguiente luna llena, momento en el cual podemos intentar la infusión del alma de nuestra hija con su cuerpo y rezar que todo salga bien esta vez.

Sin embargo no todo es excelente y hay varios puntos que pueden resultar en contra de la experiencia pues pese a sus múltiples puntos a favor, la historia se desenvuelve de forma simple sin desviarse demasiado con pocas sorpresas y aún menos explicaciones para los muy interesantes NPC que plagan el mundo y que nunca consiguen demasiado desarrollo.

Varios aspectos de la experiencia quedan sin explorar, puntos y temas que tal vez se debieron tomar con más consideración, como el hecho de que, pese a que el juego le presenta la libertad al jugador de tomar la gran mayoría de las decisiones, la más grande ya ha sido tomada por los desarrolladores y no hay forma para el jugador de cambiarla. Con esto me refiero a que prácticamente estamos jugando el papel del villano, no hay medidor de moralidad porque nada de lo que hagamos está bien, controlamos a un personaje que no es un avatar que nos represente, sino un individuo con sus propios fines y mientras más se los facilitemos más lo destruimos, por ende, aquí no hay finales felices y todo puede resultar tal vez demasiado fatalista, no hay escape, no hay esperanza.

Aparte de esto, hay un punto específico que sí destruye un poco los mensajes del juego y llega lo suficientemente lejos como para agriar la experiencia final. Uno de los finales que el juego ofrece, el considerado canónico, es un giro de tuerca tan salido de la nada, que si bien explica algunos de los elementos más enigmáticos de la trama, termina por confundir pues se sale un poco del personaje que hasta ahora se había establecido para Fausto y, aun siendo un final  poético, cambia tanto las reglas del juego que pareciera  más que se hizo para sorprender al jugador.

Pese a que el juego se puede volver repetitivo después de un par de horas, (no lo recomiendo completar al 100% y, si no se desea conocer el final canónico, creo que algunos de los finales alternos pueden complementar de mejor forma la historia aunque resulten algo vagos), la experiencia es una que vale totalmente la pena para los amantes de lo gótico, los temas complicados y la alquimia que siempre resulta horrorosamente mal.

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