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Far From Noise: yo, mí, me, conmigo
Marina Díez

Far From Noise: yo, mí, me, conmigo

Alejados del ruido, alejados de todo. En un precipicio cualquiera, o quizá el precipicio que nos pone en medio la vida de vez en cuando. Solos o no tan solos, porque seguimos estando con nosotros mismos. ¿Por qué tendremos tanto miedo a pasar tiempo con la única persona que estará siempre a nuestro lado desde que nacemos hasta que morimos? Puede ser que haya espejos a los que sea demasiado duro mirarse y, sobre todo, mirarse por dentro. Porque miramos demasiado y admiramos demasiado poco. Para mí, Far From Noise del desarrollador independiente George Batchelor, habla de eso: de todo y de nada.
Es esa conversación que necesitamos con nosotros, sin nadie más. Y es que en el juego somos una mujer cualquiera de 20 años, cuyo nombre no se menciona, en una carretera cualquiera en un país cualquiera. A pesar de las eventuales diferencias de edad, esa persona del coche podría ser yo, podríamos ser cualquiera de nosotros.  Y la identificación es brutal. Es maravilloso cómo se te sube el estómago a la garganta rememorando, a través del diálogo, situaciones muy similares que acabas de vivir en tu propia piel: una decepción en el trabajo, el no saber qué hacer con tu vida, un amor que no va ni hacia adelante ni hacia atrás… Y es que no llegamos al mundo con ningún manual de instrucciones. Nos pasamos el tiempo buscando continuamente la aprobación de los demás para todo y ¡puf! De repente, cuando no hay nadie más que nosotros mismos: ¡sorpresa! hay un desconocido en casa, toca llamar a la policía. Y es triste.
Far From Noise

A lo mejor Far From Noise no habla de nada de esto y me lo estoy inventando, pero es todo lo que me ha transmitido a mí en la hora y pico que dura. Todo este monólogo disfrazado de diálogo viene acompañado además de un estilo artístico muy cautivador, con tonalidades vivas y relajantes, y un horizonte infinito en el que el jugador bien puede quedarse embobado mientras la conversación sigue su curso y el día va avanzando con ese vaivén entre la vida y la muerte, la naturaleza y el yo.

George Batchelor con Far From Noise no pretendía otra cosa que hacer un experimento con los diálogos y en mi humilde opinión ha conseguido, por fin, que seamos capaces sin siquiera proponérnoslo de sentarnos de una vez cara a cara, eliminando todo el ruido para escucharnos de una santa vez y, en vez de huir del precipicio, asomarnos a él y largarnos triunfantes quemando rueda.

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